I

De regreso de la campana pesquera en el Golfo de Campestre, avistamos las riberas de la ciudad de La Habana. La conmoción fue grande que la mayoría de la tripulación del Motopesquero Tiburón salimos a cubierta para observar con lágrimas de emociones la hermosa urbe cubana.

El grupo de estudiantes de la escuela Carlos Adán Valdés, de La Habana del Este, había cumplido con honor la misión encomendada. Todos recibimos reconocimientos especiales de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Frente a nosotros, La Habana. La encontramos más bella que cuando zarpamos en 1969 del Puerto Pesquero. El mar estaba como un plato.

Durante alrededor de un mes participamos en el mantenimiento y pintura de la cubierta del pesquero hasta que llegó la orientación de regresar a la escuela.

El Instituto Nacional de la Pesca tras nosotros haber finalizado la preparación teóricas-práctica nos dio la opción (1970), de continuar estudios en la Escuela de Capacitación Técnica ALECRIN, ubicada en las proximidades del poblado de Santa María del Rosario, municipio Guanabacoa, cerca del Cotorro. Se le denominó Alecrín en honor a la tripulación del barco atunero del mismo nombre secuestrada su tripulación en mares cercanos a Venezuela.

Me encontré allí con Eudelio Jiménez, a quien conocía de mi barrio, allá en Playa Bonita, Santa Cruz del Sur. Jiménez había finalizado un curso de operador de Planta Frigorífica y estaba sentado en un pedrusco, debajo de un árbol dispuesto a regresar a nuestro poblado.

La escuela cambiaba su perfil, en lugar de la formación de patrones, maquinistas y especialistas en el cultivo de la esponja se formarían futuros torneros, operadores de planta frigoríficos y técnicos de refrigeración.

El plantel distinguía por la existencia de árboles maderables y frutales, con dos accesos, por el Este y el Oeste con calles asfaltadas. Al norte de nuestra escuela, se había erigido un centro de recreación en uno de los embalses construidos en la región.

Entre el embalse y la escuela un pequeño bosque sembrado igualmente de frutales y arboles maderables. Destacaba un inmenso árbol de mamey de gran altura, hojas grandes y un follaje denso y copado. Al Este, una vieja cantera en cuya cúspide crecía un cocotero en el que colgaban intactos sus cocos color amarillento. Al Oeste, la granja avícola y el poblado de Santa María del Rosario, distante cuatro kilómetros. Al poblado se accede por una carretera asfaltada y custodiada por espesa vegetación.

Nos correspondió la construcción de las aulas y el anfiteatro. En el sitio solo existía, cuando llegamos, una edificación de madera de dos plantas, el comedor, dos albergues y los baños sanitarios.

II

Participábamos en grandes movilizaciones al Proyecto Cordón de La Habana,[1] (comenzó el 17 de abril de 1967), en una superficie de aproximadamente 30 mil hectáreas de tierra en las que se intercalarían café entre los árboles frutales. El plan se inició con la construcción de las primeras 120 viviendas en 1967, mucho antes de yo salir en 1968, de Santa Cruz del Sur, con zapatos viejos, una maleta de madera y poca ropa.

El 6 de enero de 1968, en pleno invierno y con un frio que calaba los huesos, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, inauguró la comunidad “Valle Grande” [2], en áreas del Cordón de La Habana.

Valle Grande[3] Contaba, además, con, parque infantil, círculo infantil, centro comercial, campo deportivo y, en fin, le falta solo la escuela. Parece que no tuvieron tiempo de hacer también la escuela en los 44 días.  Pero, sin embargo, hay 336 niños.  De todas maneras, en este pueblo inmediatamente debe empezarse a construir la escuela, que será del tipo de escuelas nuevas que estamos haciendo en estos casos para los alumnos de primaria; es decir, una escuela donde tendrán ya el desayuno, el almuerzo y la comida, anunció el líder revolucionario [4],.

Había un entusiasmo desbordante en nuestro centro. Todos queríamos vivir la experiencia en el Cordón de La Habana[5]. Los estudiantes nos encargábamos de llenar, de tierra roja, bolsitas negras de polietileno para la posterior siembra de postura de café. Eran millones de unidades que se preparaban en aquellas movilizaciones populares.  Los viveros se multiplicaban en las áreas destinadas para el proyecto en áreas de la Vía Blanca, de la capital cubana.

Las actividades docentes se combinaban igualmente con la preparación prácticas, apoyo a programas pesqueros como la cría de rana, proyecto este asumido por especialistas asiáticos que se encontraban en Cuba para el desarrollo acuícola.

Mientras nos educábamos en la escuela, proseguían las labores de construcción de la Autopista Nacional considerada el mayor proyecto vial de todos los tiempos realizado en el país, por su extensión y por los requerimientos técnicos que exigió (El primer tramo comprendió de La Habana a Santa Clara, ejecutado entre 1970 a 1979. Tiene una extensión de 267.7 km, y se construyó con 8 carriles de la salida de la Capital hasta el km 32; el resto con 6 hasta Santa Clara).

El curso en las diferentes especialidades que se impartían en la de Escuela de Capacitación Técnica ALECRIN transcurría exitosamente. Las prácticas en la especialidad de Operadores de Plantas Frigoríficas en el Puerto Pesquero de La Habana, que poseía equipamiento moderno, fueron de positivas experiencias. Tuvimos la dicha de contar con un profesor afroamericano que nos facilitó conferencias impresas muy valiosas.

IV

Las autoridades docentes anunciaron la visita a nuestra escuela de la tripulación del barco atunero Alecrín[6]. Me brindé para apoyar la atención a esos valerosos hombres de mar.

Marineros y oficiales estaban alegres. Narraban en torno a los acontecimientos ocurridos en noviembre de 1968, cuando el motopesquero Alecrín, tripulado 37 pescadores y un instructor japonés, fue atacado próximo a Venezuela.

Han transcurrido más de medio siglo de aquellos hechos por lo que acudo al testimonio de Miguel Reyes Oliva, publicado en la página digital del periódico Escambray[7].

En las cercanías de Venezuela, el barco presentó problemas en su eje de cola, nos quedamos al pairo, la marea comenzó a subir, nos comunicamos por planta con Cuba para que mandaran las herramientas que necesitábamos. Dos días después el barco Merluza nos entregó el encargo, arreglamos la avería y de nuevo salimos a navegar.

Una embarcación se divisa en el agua; son las tres de la madrugada, pero las luces de situación del mástil revelan su presencia, el radar del Alecrín también la capta. Humberto Vargas García, el capitán cubano, le pide al telegrafista que se comunique con el barco, pero de este solo responden que detengan la marcha.

El Alecrín continúa su rumbo más cerca del objetivo; se trata de una fragata de guerra con los cañones encima: El Calamar, de procedencia venezolana. La velocidad de sus máquinas aumenta, pasa de lado por la banda del estribor, entra por la popa, se desplaza hacia la proa en una maniobra de reconocimiento del pesquero cubano, luego se aleja, busca, mira y dispara el primer cañonazo que da en el molinete del ancla; el segundo entra por la escotilla del cuarto de refrigeración dejando los compresores de amoniaco al aire libre; fueron más de 12 tiros que por suerte fallaron en su mayoría.

Poco después una nueva embarcación llegó a la zona, se trataba de un destructor americano, el Almirante Brión, que comenzó a merodear al Alecrín, pero este se mantenía sin respuestas ante los cañonazos de El Calamar.

Nosotros no paramos máquinas —rememora el pescador—, preferíamos hundirnos antes de parar sin una orden de Cuba, estábamos desarmados porque nuestra misión era solo la de realizar capturas. Cerca de las cinco de la madrugada llegó la comunicación desde La Habana, Fidel pedía que nos detuviéramos, así lo hicimos y esperamos que amaneciera completamente, sin tirar ancla nos quedamos al pairo, El Calamar lanza sus lanchas al agua y comienzan a descender marineros, todos armados, luego abrimos el portalón y colocamos la escala para que subieran a bordo”.

La tripulación cubana permanece a la espera, al frente de los ocupantes un oficial de cubierta distribuye su fuerza para que procedan a la detención: el Alecrín es arrastrado por El Calamar hacia el Puerto Carúpano, en Venezuela; ya en tierra firme los pescadores de la isla son sometidos a interrogatorios, trabajos persuasivos para que deserten y dañen la integridad de su país.

Al principio nos negábamos a comer porque queríamos ver a nuestros oficiales, que permanecían detenidos, pero en otra parte del Estado Mayor de la Marina en Sucre. Luego nos sacaban, uno a uno, para hacernos preguntas, nos mostraban grandes sumas de dinero, las llaves de un apartamento y un carro, para que desertáramos. Dos lo hicieron, pero el resto permaneció firme por espacio de un mes que duró aquella pesadilla. Ya habían desaparecido las suculentas comidas del primer día, en cambio solo pan y agua de café recibíamos y nos mantenían en una reducida habitación, con un baño para más de 30 personas”, cuenta Miguel.

Una campaña internacional se desató de inmediato en Cuba, actos públicos, declaraciones del Gobierno, gestiones, muchas gestiones, fueron haciéndose cada vez más fuertes para que devolvieran a los pescadores a la isla. El 26 de diciembre, pasadas las tres de la tarde, el comandante Lucio, del Estado Mayor venezolano, informa a los tripulantes del Alecrín que recojan sus pertenencias, que se irían.

No teníamos nada que empacar, porque durante un mes nos mantuvimos con la misma ropa que llevábamos en el momento de la detención, nuestras prendas de vestir se quedaron en el barco y nunca nos las entregaron. Nos trasladaron a nuestra embarcación, que ya estaba supuestamente reparada, pero se quedaron con más de 250 toneladas de atún que teníamos capturadas. Arrancamos máquinas, subimos cabos y salimos al mar en una travesía que demoró varios días por desperfectos técnicos”.

De nuevo libres, regresando a Cuba, donde los esperaban familiares, amigos y el pueblo de la capital. Allí los recibieron en el puerto y luego, en un acto público que estremeció al mundo, le dieron la bienvenida.

Ese 31 de diciembre lo pasé con mi gente. Durante 23 años estuve en la Flota Cubana de Pesca, visité infinidad de países, desanduve los mares, pero nunca olvidé que mi bautizo como marinero fue a prueba de fuego, en el barco Alecrín”, reconoce finalmente Miguel.

V

Solo llegamos doce alumnos de la especialidad de Operador de Plantas Frigoríficas a la etapa final. ¿La misión? Recuperar la vieja planta Frigorífica de la Unidad número 9 en el Puerto de La Habana, que contaban con compresores estadunidenses. También reactivar todas las neveras abandonadas. Lo primero era extraer toda la tierra acumulada por el tiempo. Estábamos felices con la asignación a la escuela de dos guagüitas nuevas de la marca Robur, fabricadas en la República Democrática Alemana. Nos permitía trasladarnos todos los días a las prácticas laborales.

Una gran alegría nos invadió a todos cuando echamos a funcionar aquellos compresores viejos. Luego revisamos los serpentines de las neveras. El profesor afroamericano atento a los detalles para evitar errores que podrían provocar peligro para la vida de nosotros por constituir el amoniaco un gas refrigerante extremadamente tóxico.

El amoniaco recorrió el entramado de tuberías para completar el ciclo cerrado de evaporación, compresión, condensación y expansión. Ni un solo escape del refrigerante se detectó. Doce horas después las neveras estaban congeladas.

--Ahora si hay mucho frio-- exclama un alumno.

--Frio no, ausencia de calor—rectifica el profesor

Transcurre el mes de mayo de 1971. En el anfiteatro de la Escuela de Capacitación Técnica ALECRIN[8] transcurre el acto de graduación de las diferentes especialidades. El transporte está disponible para tras finalizar la ceremonia regresar en caravanas a las provincias de procedencia. Antes de la puesta del sol emprendimos el viaje de retorno, rumbo al Oriente de Cuba.

[1] Según los entendidos “una planta de la variedad Borbón, la cual tiene una mutación de un solo gen que causa que la planta crezca más pequeña (enanismo)”. Es originaria de Brasil, bastante extendida en Centroamérica, de altos rendimientos, con una densidad de 5.000 plantas por hectárea, pero sensible a enfermedades como la roya del cafeto.

[2] Valle Grande pertenece al Consejo Popular Cano - Valle Grande - Bello 26 y Morado del Municipio La Lisa, La Habana, Cuba. En la zona aledaña a la Autopista que conduce a San Antonio de los Baños, se produjo la construcción de otro importante asentamiento que debía sustituir un barrio insalubre aparecido con anterioridad alrededor del Autocine Novia del Mediodía, así como otorgar vivienda a vecinos y pequeños propietarios de terrenos aledaños a la Autopista que se incorporaron al Plan del Cordón de La Habana. Tomado de https://www.ecured.cu/Valle_Grande_(La_Lisa)

[3] En el acto inaugural, Fidel planteó a la multitud el problema del nombre que denominaría a la nueva comunidad. Fue aprobado por todos “Valle Grande”, en tributo de recordación al Comandante Ernesto Guevara, por llamarse así, en Bolivia, el Departamento en cuyo territorio fuera vilmente asesinado tres meses atrás.

[4] Discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f060168e.html

[5] Los hipercríticos despliegan una campaña comunicacional del revés del proyecto del cultivo del café en el Cordón de La Habana, pero no refieren de los cientos de campesinos que se beneficiaron con viviendas, electricidad, embalses, una vida digna y tierras cultivables. Fidel dijo el 6 de enero de 1968: Hasta ahora se han construido en el Cordón de La Habana 458 viviendas, 130 pequeñas cochiqueras, 100 gallineros, 79 establos, 338 obras de otro tipo —comedores, almacenes— y 280 obras en áreas verdes.  De los errores también se aprende. ¿Quién no se ha equivocado en su vida? Fue una bella etapa de mi vida. La Revolución nos abrió las puertas y nos dio las oportunidades que ni siquiera habíamos soñado. Nací el 29 de diciembre de 1954 y solo tenía un par de zapatos para ir a la escuela.

[6] Alecrín. Año de construcción, 1966. Entregado este buque por los Astilleros Construcciones Navales P. Freire, S. A., de Bouzas (Vigo), a los armadores Transimport de Cuba. Este buque forma parte de la serie de 20 que la citada empresa armadora ha contratado en España.

[7] Pesadilla en el barco Alecrín. Alsina, Xiomara. Periódico Escambray 25 noviembre, 2015.

http://www.escambray.cu/2015/pesadilla-en-el-barco-alecrin/?unapproved=46027&moderation-hash=ec825dd36d6c043d3d8ca81adb8b8254#comment-46027

[8]  Donde radicó la Escuela de Capacitación Técnica ALECRIN. desde 1974 surgió la comunidad El Alecrín. Localidad del municipio Guanabacoa de la provincia La Habana, perteneciente al consejo popular Peñalver – Bacuranao. Tiene una población total de 1 443 habitantes.