Sep, 2021.- Muchas veces he pensado qué haré cuando todo acabe y siempre llego a la misma conclusión.

Cuando la COVID-19 sea solo un mal recuerdo haré un viaje, un viaje de aquellos soñados y que quedaron pospuestos por el virus mortal.

O mejor aún, caminaré sin rumbo hasta llegar a lo espeso de un monte y hablaré con los pájaros, le susurraré a las hojas y abrazaré con todas mis fuerzas al árbol más cercano, ellos a cambio me darán su energía, esa energía vital que solo la naturaleza es capaz de brindar para alcanzar la armonía y el equilibrio del orbe.

Gritaré a toda voz mi agradecimiento por estar aquí y formar parte del nuevo ciclo de vida, me quitaré los zapatos para que mis pies se conecten con la madre Tierra, le entregaré al fuego mis miedos y preocupaciones que quedaron tras el paso del enemigo del mundo.

Al agua le pediré que continúe su rumbo tranquilo arrastrando todo obstáculo a su paso y al aire que purifique el ambiente para que el respirar no sea un problema.

Eso haré cuando todo acabe, pero mientras espero ese momento voy a dedicarme a imaginar la paz con el medio ambiente en nombre de todos, sembraré árboles, protegeré a los animales, haré lo que esté a mi alcance por evitar la contaminación de las aguas y el aire, en fin, sacaré de mis entrañas la mejor versión de mí como ser humano.

Solo espero que tú hagas lo mismo, es momento de despertar y tomar acción inmediata para erradicar de una vez y por todas al nuevo coronavirus que avanza con más fuerza cada día y tal parece que nadie frena su embestida.

Seamos capaces de ofrecer a los niños la posibilidad de un mundo mejor, donde el amor y el respeto por el otro y la naturaleza sean eslabones inseparables de su presente y futuro.