Jul, 2021.- La política estadounidense ya no me asombra, todo es fruto de la manipulación para que los más ricos desembolsen sus billetes y seguir apostando por devorar a la humanidad, un juego al que no escapa ningún presidente electo en la nación norteña, no importa si es demócrata o republicano.

Cuando Joe Biden trazaba su camino hacia la Casa Blanca muchos pensaron que se avecinaba un cambio en la forma de asumir el tema Cuba en su agenda, pero seis meses en el cargo nos demuestran que detrás de su apacible y medida conducta hay más de lo mismo.

Porque ahí están todavía las 243 medidas adoptadas por la administración de Donald Trump para reforzar el bloqueo contra la Isla y ahogar la economía cubana.

Peor aún, la mayor de las Antillas volvió este año a la lista de países patrocinadores del terrorismo y Biden no ha hecho nada para remediar la injuria, y las sanciones financieras entorpecen los constantes esfuerzos por encontrar nuevos mercados e inversionistas en medio de la más compleja situación económica y sanitaria vivida por el mundo en las últimas décadas.

La afirmación de que Cuba no era prioridad en su agenda ya nadie se la cree, y el señor Presidente parece tener oídos sordos para el justo reclamo que se alza desde cada rincón del planeta y que llena las calles de numerosas ciudades norteamericanas en apoyo solidario a la causa de este pueblo rebelde.

Seguro vira la mirada para no observar los carteles que en pleno corazón de Nueva York exigen hoy el fin del bloqueo, y obvia la carta publicada en el popular rotativo The New York Times donde más de 400 exjefes de Estado, intelectuales, científicos, clérigos, artistas, líderes y activistas sociales de todo el globo piden levante las sanciones a esta nación soberana.

Pero mientras el inquilino de la Casa Blanca juega a los monos sabios y se hace el sordo, el ciego y el mudo; aquí, y allá afuera también, nadie se rinde ni se cansa de exigir el cese del cerco.

Es por eso que el pueblo cubano agradece la donación de más de un millón de jeringuillas entregadas por el Movimiento de Solidaridad en Estados Unidos para la campaña de vacunación antiCOVID-19, un gesto que se multiplica en el orbe, donde tenemos más amigos que enemigos.

Ejemplo del espíritu rapaz de la política norteamericana hacia la Isla lo es financiar una campaña comunicacional para desestabilizar el orden social y propiciar una supuesta intervención humanitaria, que se ha sumado a las continuas sanciones financieras y limitaciones económicas en medio del enfrentamiento al nuevo coronavirus. ¡Y después tienen la desfachatez de llamarlo embargo!

Pero los cubanos de verdad, los agradecidos, no los que tienen pretensiones anexionistas, no nos dejamos engañar y sabemos que detrás de las dificultades en la generación eléctrica, la escasez de medicamentos y alimentos solo hay un nombre, bloqueo, y contra él no nos cansaremos jamás de pelear.