Jun, 2021.- Hoy mi escrito no se limita a un nombre, está dedicado a todas las mujeres cubanas, a las que escogieron dedicar su tiempo a la atención del hogar, a las que se entregan con dedicación a cualquier puesto de labor y a las que rompen fronteras y defienden sus ideas con profesionalidad.

A ellas que andan por la vida sin miedo a nada o por lo menos eso parece, pues se escudan con la firmeza de su espíritu, la premisa de hacer el bien y repartir saberes, y la agilidad y destreza de quien nunca se cansa porque siempre queda algo por hacer.

Ellas son las hadas madrinas de estos tiempos, la que hacen posible lo imposible: fuertes, valientes y abnegadas pero con muchas dosis de amor y sensibilidad que alcanza para todos.

No pocas vemos en lugares peligrosos, expuestas a las altas temperaturas y al ruido cotidiano de una fábrica o debajo de un traje que, aunque incomodo, protege su vida, pero allí están ellas tan firmes como palmas reales en el campo, orgullosas de ser cubanas.

Muchas dejan un pedazo de su corazón y alma en casa, sí, a esa personita que la necesita y la extraña pero que debe esperar a que mamá regrese, ya que su profesión no tiene horarios, ni puede dejarse para luego porque entonces sería muy tarde para la alguien.

Es por ello que hoy este escrito no se limita a un nombre, se dedica a todas, a las mujeres valientes que se enfrentan a diario a los retos de su profesión, a aquellas que se convierten en maestras, en enfermeras, en psicólogas en su propia casa, con el fin de lograr el bienestar y el equilibrio emocional de los suyos y de los demás en tiempos del nuevo coronavirus, dispuestas a enfrentar cualquier tarea con la responsabilidad y el sentido de pertenencia que las caracteriza.

 
 
 
 
Fortalecido en Nuevitas desempeño de la escuela en la educación familiar.