Jun, 2021.- En medio de las realidades urgentes de control y enfrentamiento a ilegalidades en la prestación de servicios y venta de productos a la población, la COVID-19 ha devenido una preocupación más para el ramo del Comercio y la Gastronomía en Nuevitas.

A la par de la necesaria calidad en las prestaciones e inocuidad de los alimentos resulta una medida conjunta para el seguimiento estricto de los protocolos sanitarios en la elaboración y manipulación dentro de los establecimientos, adscriptos a las dos formas de gestión (estatal y no estatal).

En el primer caso, corresponde a las administraciones velar por el cumplimiento de las medidas higiénicas que reducen el riesgo de contagio durante el proceso de contacto con los clientes, que no se limita solamente a los servicios sino a los productos que van de mano en mano.

Esa preocupación no debe ser una norma que competa solo a estructuras de dirección, también a la responsabilidad individual que lleva la mayor parte para no iniciar cadenas lamentables de contagio de la enfermedad y, asimismo, al otro lado de la balanza la gestión no estatal con igual cuota de compromiso.

Las providencias no son nuevas, de sobra es conocido por todos el necesario uso del nasobuco, la habilitación de áreas de desinfección a la entrada de los establecimientos, la limpieza de superficies y la exigencia de su cumplimiento como una carta de presentación en aras de ofrecer cualquier servicio y también para quienes lo reciben.

De acuerdo con lo establecido, la protección al consumidor va más allá de una buena prestación y su calidad, es ahora, igualmente, vender bienestar y confianza, que la satisfacción parta de esos protocolos higiénico-sanitarios­ en los que son proporcionales la acción de intercambio entre emisor-receptor.

Al nuevo incremento de precios percibidos a partir de la implementación de la Tarea Ordenamiento en Cuba, el 1ro de enero de 2021, debe sumarse el valor seguridad, inocuidad y salud.