Jun, 2021.- La polémica no ha estado ausente en la implementación de la Tarea Ordenamiento en Cuba. Que si subieron mucho los precios, que si los salarios aún no satisfacen las necesidades más elementales con respecto al aumento de los artículos, que si no era el momento oportuno; en fin, son disímiles las interrogantes sobre este proceso que ya se hacía necesario, aunque llegara en un complejo escenario económico y epidemiológico para la isla.

Pero uno de los puntos álgidos en cualquier conversación sobre el tema es el cuestionamiento de la eliminación del CUC (pesos cubanos convertibles), que al menos se adquiría en la red bancaria nacional, si en definitiva lo cambiaron por la moneda libremente convertible o MLC, unas siglas muy rimbombantes que todos quisieran mencionar… y tener.

Y no hay nada más cierto, aunque todo tiene una explicación, y no se corresponde con la popular creencia de que se volvió a la dolarización de la economía cubana. Al menos no para siempre.

Se trata de una opción necesaria pero no deseable, como explicara el viceprimer ministro Alejandro Gil, al anunciar en octubre de 2019 la decisión de vender artículos en MLC, idea que recobró fuerzas a partir del año pasado ante el desabastecimiento de los mercados minoristas del país por las restricciones impuestas por el bloqueo, la presión sobre los suministros de combustible, la suspensión de viajes, cruceros y vuelos, las afectaciones en el turismo y otros sectores provocadas por la pandemia de la COVID-19.

Estas ventas buscan captar divisas que normalmente salían de la mayor de las Antillas a través de personas naturales dedicadas a revender aquí productos o equipos adquiridos en el exterior.

Además, tienen como objetivo mantener una oferta legal de productos que estaban ausentes en los establecimientos estatales, conectar a la industria nacional con ese mercado, paso en el que ya se avanza en la provincia de Camagüey, y utilizar parte de los recursos captados para financiar parcialmente las ofertas en las tiendas en CUC.

Claro que del dicho al hecho va mucho trecho, como dice el refrán popular, y esa idea, tal vez muy inocente e idealista al principio, ha derivado en numerosos procesos sociales, muchos de ellos amparados en la ilegalidad.

Negocios de coleros, reventa de artículos a precios exorbitantes y el mercado negro de divisas que circula impunemente en las redes sociales resultan los más destacados dentro del panorama que han dibujado las tiendas en MLC en la sociedad cubana de hoy y que, sin dudas, serán objeto de próximos comentarios.

Mientras el país trata de desatascarse de este bache generado por la crisis sanitaria y económica global a causa del nuevo coronavirus, los cubanos agradecidos confiamos en que esta es una medida transitoria ajustada al actual contexto, un mal necesario con el que deberemos convivir hasta volver a respirar por nosotros mismos.