May, 2021.- Tal vez sea pura casualidad, pero no dejo de advertir la sospechosa coincidencia entre el aumento de viajeros procedentes de Rusia contagiados con la COVID-19 y el florecimiento de un mercado de prendas de vestir y zapatos lejos de las regulaciones legales en la conocida página de Facebook Revolico Nuevitas.

Como casi todo lugareño con acceso a esa red social estoy suscrita al canal, que en esencia no tiene nada fuera de la ley, pues en Cuba está permitida la compraventa de artículos, siempre que estos sean de procedencia lícita y el acto no tenga fines de lucro.

En tiempos de desabastecimiento, en gran medida provocado por la crisis económica originada por la pandemia, esa plataforma ha resultado para muchos el acceso a algún que otro bien necesitado, y para otros la puerta a la especulación y el enriquecimiento a costa del sudor ajeno.

Sin embargo, hace apenas unos meses atrás era muy difícil encontrar alguna oferta de ropa o calzado, por demás desaparecida de la red comercial estatal. La causa estaba en la suspensión de los vuelos como parte de la aplicación de un protocolo sanitario internacional para controlar el avance del nuevo coronavirus.

Esa situación frenó el desarrollo de muchos cubanos que han convertido los viajes a otros países en un negocio lucrativo desde la importación de ropas, equipos, bisutería y artículos del hogar para su reventa en suelo nacional.

El matiz ilegal del fenómeno es bien conocido, pero casi todos hemos sucumbido a los cantos de sirena del mercado negro al no encontrar otra opción más económica en los escenarios comerciales oficiales, un tema que, sin dudas, amerita otro análisis.

Pero cuando parecía que el desabastecimiento también había tocado a los emprendedores individuales llegó un boom de ofertas apetitosas que se han multiplicado en este mes de mayo.

Eso sí, prepárese para poner el grito en el cielo cuando vea los precios, pues casi todos los bienes han duplicado o triplicado su valía, ni los salarios de la era post-ordenamiento pueden muchas veces sufragarlos.

Pero tal abundancia llega en un escenario desconsolador para la situación epidemiológica de Nuevitas, donde hasta este viernes 21 de mayo habían sido diagnosticados 25 lugareños con la COVID-19, todos con fuente de infección en la hermana nación rusa.

Y aunque los viajeros van directo a centros de aislamiento y no regresan a sus hogares sin un PCR negativo, una pregunta martilla mi conciencia: ¿merece la pena poner en riesgo la vida para ganar unos cuantos pesos de más?

En lo personal creo que ni por todo el oro del mundo me expondría al SARS-CoV-2 de manera voluntaria si no fuera por un ideal más supremo y humano, como el del personal de salud que cada día desafía a la muerte en la zona roja.

Porque unos billeticos de más en el bolsillo, sí, son necesarios y aligeran la existencia familiar, pero no dan tranquilidad cuando se está hospitalizado, o peor, cuando la muerte parece rondar cerca debido a las complicaciones de la enfermedad.

Aunque algunos digan lo contrario, creo que viajar o no en tiempos de pandemia no es una decisión individual, porque las consecuencias pueden implicar a muchas más personas, desde el personal del aeropuerto con el que interactúa el viajero, los trabajadores que le atienden en los centros de aislamiento hasta lo seres queridos, que pueden resultar afectados si el paciente cursa de manera asintomática.

No son tiempos para poner el egoísmo por encima del bienestar común; viajar, aun cuando es permitido por las regulaciones estatales vigentes, constituye un riesgo, un salto al vacío en el que nadie tiene el derecho de arrastrar a los demás.