Abr, 2021.- El aislamiento social en los hogares por la COVID-19 resulta difícil para no pocas personas, pero si hablamos de los niños, el tema se torna más complejo.

La ansiedad e hiperactividad predomina en esas edades por la falta de contacto con parientes y amigos, además de la limitación en la actividad externa como la rutina escolar, paseo familiar, prácticas deportivas y espacios de juegos.

Ante la problemática somos los padres o tutores los llamados a neutralizar estos efectos en los infantes.

¿Cómo hacerlo? es fácil, prestándole más atención, ofreciéndoles actividades que los distraigan y que, también, sean atractivas como los juegos familiares, lecturas de cuentos y fomentar en ellos la participación en las obligaciones domésticas.

Hablo del tema porque el ejemplo lo tengo en casa, desde que los primeros rayos del sol se asoman mis hijos se activan de tal manera que en ocasiones parece que el día tiene más de 24 horas.

Por lo general, las mañanas son más tranquilas, la visualización de las teleclases y sus actividades posteriores ocupan el tiempo de mi hijo mayor, mientras que la niña se entretiene con sus juguetes.

Pero después del mediodía el patio grande y la casa se hacen pequeños con sus constantes carreras, y es cuando todos dedicamos tiempo para compartir con ellos siempre que el trabajo y los quehaceres diarios lo permitan.

Juntos hemos sembrado plantas, atendemos las mascotas, escenificamos cuentos, dibujamos, cantamos; el parchís, el dominó, el rompecabezas y las cartas se han convertido en los mejores aliados.

Entonces, aprovechemos este periodo de aislamiento social como una magnífica oportunidad para disfrutar de los niños y a la vez inculcarles valores y hábitos fundamentales para la vida y así, cuando todo pase, recordarán estos momentos con ilusión y alegría.