Dic, 2020.- El 2020 llegó a su fin y por muchas razones será un año que trascenderá en la historia cubana.

Fueron 12 meses de miedo y sobresaltos ante el asedio de una enfermedad desconocida, pero también 366 días de victorias diarias y esfuerzo mancomunado para hacer frente a dos de los procesos más retadores que hemos enfrentado en los últimos tiempos: la COVID-19 y el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos a la Isla.

Palabras como pandemia, coronavirus, nasobuco se incorporaron al accionar diario y al parecer llegaron para quedarse por un buen tiempo, porque el peligro aún no cesa.

Las imágenes extranjeras que veíamos por la televisión de calles inundadas de personas con los rostros cubiertos por mascarillas para evadir el contagio de una enfermedad silenciosa tocaron también a las puertas cubanas este año, y ya se han vuelto tan habituales que despertar mañana sin nasobucos ni soluciones cloradas en las puertas de las instituciones sería muy extraño, aunque sin dudas, no extrañaríamos para nada esa realidad.

El calendario que despedimos también nos deja muchas lecciones de vida. Por un lado nos recordó que la frontera entre salud y enfermedad es muy frágil, y que el peligro puede estar hasta en nuestras propias manos. De ahí la importancia de informarnos y de adoptar siempre la prevención como la mejor medicina.

Por el otro, el 2020 dio muestras de la grandeza humana que compartimos los cubanos, porque en tiempos de crisis sanitaria la solidaridad se alzó como bandera, y no solo por el servicio que prestan los integrantes del contingente Henry Reeve en decenas de países contra el SARS CoV-2, sino por esa ayuda desinteresada que llegó de manos de jóvenes y trabajadores a las personas más vulnerables.

Fue un período de retos y sacrificios, porque nada más difícil para el pueblo cubano, tan acostumbrado a dar muestras de cariño, que no visitar a los familiares, exiliar los besos y los abrazos del saludo habitual, mantenerse en casa y evitar el contacto físico con vecinos y conocidos.

¡Ah!, pero siempre en medio de las crisis surgen las soluciones más creativas. Así descubrimos que el trabajo a distancia y el tele-trabajo pueden ser, igualmente, métodos eficaces para potenciar la productividad; y que las redes sociales sirven mucho más que para publicar fotos y estados de ánimo, pues se convirtieron en el escenario de eventos sociales y competiciones deportivas y culturales.

A las limitaciones impuestas por la pandemia tuvimos, asimismo, que sumar el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos, que nos impidió importar ventiladores pulmonares mecánicos, mascarillas, kits de diagnóstico, gafas protectoras, trajes, guantes, reactivos y otros insumos necesarios para el manejo de la COVID-19.

Sin embargo, los cubanos somos maestros en eso de superar las tempestades, por ello surgieron tantos héroes y heroínas en los más diversos escenarios de enfrentamiento a la nueva enfermedad.

Desde el médico y la enfermera que en la zona roja luchan a diario para arrancarle a la muerte la vida de los pacientes contagiados, hasta el joven universitario que se vinculó a las labores de pesquisa o a las de limpieza en los centros de aislamiento sin pensar en la posibilidad de infección. Abundantes son las historias de valentía y entrega.

Son 366 días de lucha continua, de decisiones difíciles, de lejanía y de autoprotección, pero también 366 jornadas de heroísmo individual. Hacer valer las lecciones aprendidas en el 2020 para construir un nuevo año de logros está en las manos de cada uno de nosotros.