Dic, 2020.- Bloqueo, una vez más bloqueo, y aunque algún internauta crea que es capricho o intensión desmesurada de justificar los problemas, esa política implica una cruda realidad en la que ha vivido el pueblo de la mayor de las Antillas durante más de medio siglo.

Si bien la palabra puede cansar, por el mal uso en algunos casos y la incomprensión de su verdadera magnitud en otros, lo cierto es que hoy se materializa en escasez de productos y servicios, acrecentada en estos meses de crisis económica y sanitaria provocada por la pandemia de la COVID-19.

¿Sabe usted qué es el bloqueo? Pues la imposibilidad de recibir remesas provenientes de Estados Unidos debido al reciente recrudecimiento de las Regulaciones para el Control de Activos Cubanos, que desde el 2019 ya había impuesto un límite de hasta mil dólares por trimestre a los envíos.

Otro resultado de la imposición de esta política extraterritorial lo es la suspensión, desde el pasado año, de todos los vuelos de aerolíneas estadounidenses hacia Cuba, con excepción de los dirigidos al Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, lo que sin dudas dificulta las visitas familiares.

Si a ello añadimos el recrudecimiento del bloqueo en medio de las limitaciones provocadas por la crisis sanitaria global, entonces resulta obvio el impacto negativo en la economía nacional.

El supuesto embargo, como ellos le llaman para minimizar su incidencia, nos ha privado deliberadamente de ventiladores pulmonares mecánicos, mascarillas, kits de diagnóstico, gafas protectoras, trajes, guantes, reactivos y otros insumos necesarios para el manejo del SARS-CoV-2; todo ello bajo el amparo de la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917.

Estos son solo algunos ejemplos que hacen del bloqueo una política real y cuantificable, con impacto directo en la calidad de vida del pueblo. En números, su huella se traduce en daños ascendentes a más de 144 mil millones de dólares.

Así que la próxima vez que lea la palabra bloqueo, no piense que se trata de justificar los males. Tenga seguro que es la intención de ponerle nombre y apellidos al principal obstáculo para el desarrollo de la economía cubana y de la propia subsistencia.

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