Oct, 2020.- Cada 28 de octubre un jardín de flores acaricia su esencia, ilumina su sombrero alón, le devuelve su cálida sonrisa; grandeza apacible y generosidad con que nutre su legado a las actuales generaciones.

Hablar de él es evocar la Historia, revivir los sucesos de la guerrilla cubana que consolidó el triunfo de enero de 1959, en la que marcó pautas.

Sastre de oficio, Camilo Cienfuegos Gorriarán es un icono para los hombres de buena voluntad, para quienes creen en el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud.

Carismático por excelencia, audaz, buen amigo y entrañable compañero, desde muy joven se  incorporó a la lucha estudiantil contra el régimen imperante, participó en la invasión de Oriente hasta Occidente, liberó a Yaguajay, localidad que ocupó tras duro combates y fue nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, donde desempeñó tareas muy importantes.

El 28 de octubre de 1959, tras cumplir la misión encomendada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, de neutralizar y arrestar en Camagüey al traidor Hubert Matos, la avioneta en que retornaba Camilo a La Habana se extravió por el mal tiempo y desapareció sin dejar rastros. Todo el pueblo cubano añoraba que apareciera. Camilo, el hombre de la sonrisa amplia, se perdió en el mar y permanece eternamente en el recuerdo agradecido de su pueblo.

Desde entonces en cada octubre se recuerda con lirios, margaritas y azucenas al Señor de Vanguardia, al inolvidable amigo que no muere porque vive en el corazón de todos los cubanos.