Nov, 2020.- En una primera impresión parece distante, serio, más la conversación fluye en ese diálogo con un conocedor y apasionado del séptimo arte. Basta escucharlo y a los pocos segundos te vuelves cercano, en esa revelación tan suya de la vida y sus pasiones.

“Por primera vez una entrevista entre tantas empieza por una zona tan temprana como mi niñez, una etapa como cualquier niño feliz, sin grandes preocupaciones, salvo la responsabilidad de estudiar”, confesó el cineasta Alejandro Gil Álvarez, nacido en 1958, tras visitar Nuevitas a fines de julio de 2019.

“Y sí, el cine se convirtió desde mucho antes en un lugar de salida importante los fines de semana, las vacaciones, siempre fue un espacio de aceptación para disfrutar los momentos libres”.

Encontró así sus primeros referentes cinematográficos en el filme estadounidense de 1956 Trapecio, “una película que vi 14 veces e hizo que me enamorara del cine al igual que Latitud cero, sobre el mundo subacuático, a uno siempre esas buenas películas se le quedan dentro como experiencia vital”.

Atrapado desde entonces por la realización audiovisual desarrolló una actitud de observación y de recreo de la realidad que vivía, una práctica de la que no era consciente pero si “un acercamiento de desdoble a asuntos mágicos y desde esa perspectiva inconsciente, el anhelo de confeccionarla, de construirla”.

Pudo hacer vida de deportista y sus primeros estudios estuvieron ligados al béisbol pero cuando le propusieron pasar a un centro de estudio y entrenamiento de La Habana, —único de su tipo en el país en aquel entonces—, decidió seguir otros rumbos: “allí iba a estudiar también pero la preocupación fundamental iba a ser el deporte en el que me había preparado durante cuatro años”.

Becado desde los diez en las escuelas al campo Mártires de La Coubre y República de Argelia de Batabanó se decide en el Instituto Preuniversitario Venezuela de Güines por la carrera de Periodismo. “Me la otorgaron y al terminar encontré que me gustaba mucho más allá de los temas que estaban abordando mis compañeros. Era precaria la asignatura de televisión, y el cine, ni hablar, pero ese mundo del audiovisual creo que estaba germinando y de alguna manera potenciando mi perspectiva, con cierto grado también de inconciencia, todavía no sabía que iba a atraparme ser cineasta”.

Entonces decidió “por ese enamoramiento precoz” hacer su tesis sobre el noticiero ICAIC Latinoamericano de Santiago Álvarez, “a partir de la cual se me devela un mundo muy grande. Empiezo a estudiar, me acerco al cine, a ver muchos noticieros, a leer entrevistas de Santiago, a empezar a trabajar sobre las lecturas primarias que se hacen sobre cine y entonces ahí dije: ¡este es el lugar!”.

LOS ESTUDIOS CINEMATOGRÁFICOS DE LAS FAR Y JOSÉ MARTÍ

“Cuando me gradúo me llega una ubicación en los Estudios Cinematográficos y de Televisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Cuando llegué me dijeron que no tenían plaza para mí, que disponible estaba la de redactor de prensa y los mismos textos lo hacían los realizadores. Les dije: ‘soy inocente ante el asunto, miren aquí mi boleta de vinculación laboral y no quedó otro remedio que aceptarme”.

Allí se creaban talleres artísticos sobre cine impartidos por grandes profesionales en esos momentos, Fernando Pérez, Daniel Díaz Torres entre los profesores, Humberto Hernández en la producción, “y si no los aprobaba tenía que irme para la calle, yo graduado universitario de Periodismo, de hacer una tesis sobre el noticiero ICAIC que había puesto un noticiero y todo en mi tesis, y me sentía muy embullado con mi acercamiento a esta zona de la creación, muy contento de estar en un lugar que realmente me gustaba y me sorprende que me llaman como asistente de dirección en Algo más que soñar”.

Empieza así “la gran escuela. Se filmaba con Arriflex, con celuloide, nueve capítulos de una hora eran nueve películas y mi función era muy plural, atender pirotecnia, armamento, efectos especiales y todos los fondos de la serie, hacer pequeñas historias con mis extras, con mis figurantes y empezó a salir el bichito de director.

Fue muy importante hacer vida civil porque era una serie que se movía dentro del cabaret, las discotecas, los combates, el movimiento de tropas, la creación de muertos, heridos, en fin, historias pequeñas en piscinas donde el opening de las secuencias aparecían primero con esa recreación espacial y temporal del lugar donde se iban a incorporar después los actores.

Luego llegó la propuesta en un momento crucial dentro de la misma fílmica de producción donde los asistentes de dirección tenían que empezar a incorporarse a la realización con un trabajo ya como directores.

Puedes imaginarte el alegrón de estar en un lugar donde empezaba a formarme de alguna manera y propuse mi primer documental que tenía que ver con la plataforma programática y política de los estatutos de la fílmica con la que trabajaba, en torno al mundo de la historia, las FAR y de todo lo que tuviera que ver con el internacionalismo, una temática muy concentrada, estricta y objetiva.

Opté por acercarme a la historia donde estratégicamente pensé que podía sentirme más libre desde el punto de vista recreativo de la imagen, del control del color, y empecé a proponerme construir el docudrama más allá del documental por la falta de imágenes que había en los archivos”.

Interesado en construir imágenes a través de los actores, crear una nueva sensación de la historia o alguna parte de ella “no lo hacía de la manera verbal o informativa, ni a través de las entrevistas sino desde esa puesta en escena buscando algo que pudiera ser novedoso, me acerco a las cartas de Martí a María Mantilla develando al Héroe Nacional de Cuba desde una faceta mucho más humana.

El documental empieza a descubrir zonas que tampoco se conocían de la muerte de Martí que llevaba sobre si una foto de la niña, no del Ismaelillo sino de ella, que decía ‘me llevo tu foto como escudo contra las balas’, más todas las cartas que son de una humanidad tremenda dentro de la historia”, y confiesa no haberlo dicho antes, “la irreverencia juvenil me llevaba a pensar y empezar a polemizar si María Mantilla era hija o no de José Martí tras los 15 años que había vivido en Nueva York”.

La sed por la investigación “no es el punto de vista a defender y lo cambié bordeando las fronteras de lo que quería haciendo énfasis en esa otra arista de no ser el padre y atenderla tanto tiempo como si fuera su hija, estaba subrayando un carácter contemporáneo de la paternidad, una mirada distinta desde esa asociación y también lo que me dio el Periodismo, fundamentalmente, el estudio del noticiero ICAIC, la conformación de la utilidad, de la metáfora, de la síntesis, herramientas que de alguna manera también fui usando y que Santiago utiliza muy particularmente, muy incisiva y es lo que lo hace trascender como documentalista en esa apropiación del sonido, del montaje, por eso digo que el documental es Santiago Álvarez en nuestro país”.

“SOY OTRO ALEJANDRO LUEGO DE MI MISIÓN COMO CORRESPONSAL DE GUERRA”

Piensa en mí devino también su primer premio Caracol. “Para un joven en el año 1988 que hace su primer documental para 15 minutos y que recibe un premio, ya te puedes imaginar (la emoción), no es que se viva de los premios pero te van diciendo que es un camino que acepta un grupo de gente que está decidiendo sobre un festival, y me pareció un motor impulsor para ir sobre el Ismaelillo y es mi segundo documental”.

En Desde la ausencia (1991), provee también al espectador de asuntos novedosos mediante el género documental, “incluyo las cartas de Carmen Zayas Bazán a José Martí, esa esposa que siempre estuvo sola esperando por su amado que optó por la Guerra Necesaria y asuntos que tenían que ver con la independencia de Cuba, hizo muchas cartas que ojalá en algún momento con un buen estudio de investigación y prólogo puedan publicarse porque son polémicas, cartas que si leemos entramos en una situación interesante con respecto a lo que es el carácter estructural-cultural­ que tenemos con respecto a la familia.

Si había asumido a María Mantilla tenía que ver al Ismaelillo, como el mismo nombre también de ese capítulo bíblico de donde saca Martí el nombre, usó el Ismaelillo como respuesta a las cartas de Zayas Bazán, que son interesantes no solo para ese otro estudio que puede hacerse de José Martí, como también a la mujer del siglo XIX, sola esperando por el esposo con un hijo a cuestas, una familia tremendamente agresiva contra José Martí y a lo que se estaba dedicando. Cuando empiezas a dimensionar el carácter social de esa manera estamos hablando un asunto contemporáneo hoy por hoy”.

Después realiza la serie documental Inocencias (1990-1991) de 19 capítulos sobre el fusilamiento de los estudiantes de Medicina “que queda como tributo la película Inocencia (2018), nacida también del amor por la pedagogía y de dimensionar justamente por Eusebio Leal, en una serie documental que hago con él sobre los sucesos del 27 de noviembre de 1871, ese impacto que pudiera ser para un muchacho o un niño, no importa la creencia que tenga alrededor o la credibilidad que puedas aportarle a alguien, algo que me conmocionó mucho e hice ese documental que me llevó al largometraje”.

Luego llegó su primer corto de ficción Tema Heavy y su segundo largometraje escrito y dirigido por él, La Pared (2006). Sin dudas, un punto de giro como realizador, lo embarga luego de sus vivencias en un conflicto militar.

“Mi posición como corresponsal de guerra en Angola (1986-1988), estar cerca de la muerte y de las grandes historias que mis colegas contaban de experiencias en otros años me hicieron hacer La emboscada (2014), con un perfil humano también distinto, una historia que se desmarca del cliché de lo que se estaba asumiendo.

El ser humano está en el centro de sus consecuencias, dificultades y maneras de pensar y también con una exposición temática interesante. Creo que es una película que ha tenido un bajo perfil, y lo digo con toda sinceridad, por no tener la valentía de ser asumida en su verdadera dimensión y hacer nuestra esa otra mirada de la guerra y la huella que deja en las personas.

No fui héroe ni mártir de esa guerra pero si un protagonista con mi cámara y la de mi equipo de trabajo donde develamos vivencias y conocimos mucha gente de ambos lados, con pretensiones y un pensamiento que se articula dentro de la potencialidad humana, derivada de acontecimientos que son los más climáticos que pueda tener uno: el juego entre la vida y la muerte, estar justamente en esa frontera en la que puedes o no regresar por cualquier motivo, no solo por una bala sino por el paludismo u otra enfermedad.

Ese cambio drástico de cultura, el desapego con la familia, elementos que creí que podían ser importantes porque habían sido parte de mis vivencias. Dije en una ocasión: ‘siento que los actores tuvieron un antes y un después de la película Inocencia, yo soy otro Alejandro luego de mi misión como corresponsal de guerra’.

Soy consciente de eso y es mi manera de asociarme a las personas, de ver el amor desde otra perspectiva, a los amigos, las fragilidades que tiene el otro, de comprenderlo”.

MIRANDO EL CINE CUBANO CONTEMPORÁNEO DESDE EL MAN: CONSTRUIR CON RESPONSABILIDAD COMO SER HUMANO

Alejandro Gil Álvarez, invitado a la novena edición del Festival Hieroscopia organizado por el Movimiento Audiovisual en Nuevitas (MAN), mostró sus impresiones.

“No hay lugares distinguidos sino lugares que se convierten en necesarios a la hora de percibir los modos o las maneras, porque los veo a ustedes, lo comentaba con Amílcar Salatti (también invitado) y se los digo, fue un camino el que nosotros recorrimos desde La Habana hasta aquí pero ese nivel de resistencia, esa mirada hacia la perseverancia y el amor a lo que se tiene es algo que no se puede perder y lo estaba diciendo Jorge Molina (participante también del evento), es el amor, caer y volver a levantarse, hacer propuestas y no traicionar su pensamiento, no ser un tirano ni tampoco un mercenario de los pensamientos ajenos, construir desde la dignidad y la responsabilidad, no solo como creador sino también como ser humano. Hay que investigar, buscar hasta la saciedad los matices y los caminos posibles que abordan y que están alrededor de un tema.

Miguelito (Miguel Fonseca, otro invitado) hablaba de 12 personajes que interpretaba, eso no sale de la nada, sale de la investigación, de perseverancia, una necesidad de crear, de expresarse y está en las historias de todos nosotros.

Amílcar estudió Veterinaria y finalmente se dedicó a escribir, si no hay amor en eso no logras llegar.

Todos estamos aquí fervientes enamorados de lo que hacemos y de lo que nos hemos construido en la vida, me parece que ese va a ser el camino. Yo no sé tirar una placa, ni nada de electricidad, lo que sé hacer, bueno, malo o regular es cine, hacer documentales, esa es mi formación y ahí por ese camino tratar de hacer lo mejor posible en la medida de las posibilidades, unos con más que otros, pero hacer, hacer y hacer para que quede para tus hijos, tus amigos, para los que vienen detrás y poder decir: ‘esta es la obra que nos dejó Alejandro, llena de imperfecciones pero con un amor y una responsabilidad y entrega a lo más que se pudo hacer’.

Eso es el cine, la vida, como decía un cineasta italiano en uno de sus libros. La película es un fragmento de esa vida y que esos fragmentos sean diversos, disímiles, que los autores se sientan con el placer y la posibilidad de expresarse en lo que quieran hacer y de la manera que lo quieran hacer, y que no haya censuras pueriles ni de miradas anquilosadas que puedan perjudicar el avance de un cine nacional que está ávido.

Estamos formando cineastas jóvenes con mucha necesidad de expresar sus experiencias, su manera de ver la vida y eso es lo que espero del cine cubano. Lo siento saludable a pesar de la mirada crítica que se le pueda hacer y que se siga haciendo como se pueda, Nuevitas es un ejemplo de su avance, de que hay inquietudes, que no se le da la espalda a las dificultades y no se agacha la cabeza sino que se está mirando al cine, es muy importante tener esa condición y esa actitud ante la vida y ante la creación”.

¿Documentalista o cineasta? Alejandro Gil se advierte en esa mezcla de ambos que premia en cada una de sus propuestas audiovisuales con exquisito rigor histórico de secuencias y sutilezas que bordan la sensibilidad desde la investigación y las fragilidades humanas.

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