Oct, 2020.- “Nuestra obra sobre el Che es fruto del desconocimiento y la ignorancia. Nosotros apenas conocíamos de él en esa época. En el 82 (1982) me designaron cónsul general de Cuba en Bolivia y Adys al frente de la Oficina de Prensa y Cultura y entonces comenzamos a conocer al Che desde nuestras visiones”.

Así detallaron durante la Asamblea Provincial XI Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, celebrado del 4 al 6 de marzo último, los autores del texto El asesinato del Che en Bolivia. Revelaciones, Adys Cupull y Froilán González, invitados a la cita como parte de las actividades extensionistas de la Feria del Libro en Camagüey.

“En esa época todavía no se habían publicado los Pasajes (de la guerra revolucionaria) en el Congo. Allá en Bolivia, siguiendo el Diario comenzamos a transitar la selva desde Ñancahuazú, donde él fundó su campamento el 7 de noviembre del 66 (1966) y La Higuera, donde lo asesinaron. Adys fue la primera mujer que llega después de los acontecimientos guerrilleros. Y empezamos a investigar.

En este libro está dicho por qué le cortaron las manos al Che, cómo desaparecieron el cadáver, quién se quedó con el reloj del Che, cómo lo enterraron y dijeron que lo habían quemado y lanzado a la selva para que nadie pudiera reclamarlo.

Lo enterraron a un costado de la pista del aeropuerto (de Vallegrande), entonces ubicamos el lugar a través de cinco testigos”, añadió Froilán González a los delegados presentes acerca del proceso de la obra que concibieron juntos.

Durante la investigación muchos de los entrevistados pidieron el resguardo de su identidad y aspectos comprometedores mientras estuvieran vivos o esperar que pasaran varios años para revelarlos pero, sin dudas, su testimonio, el acceso a varios archivos privados y fuentes involucradas en los sucesos hicieron posible luego de cinco años el resultado.

“Si nosotros teníamos que salvar una emoción de las que habíamos vivido en Bolivia, ¿cuál sería? nos preguntó un estudiante de Medicina en una ocasión y nos puso a pensar. Vivimos muchas, porque ustedes pueden imaginar la presencia del Che, de todos los compañeros, llegar allí, a La Higuera y ver una especie de santuario ahora, donde la gente cree que el Che hace milagros: le piden que haga llover cuando no llueve.

Después de vivir todo aquel recorrido nos pedía salvar una: fue el encuentro con los familiares de los guerrilleros bolivianos que cayeron con él, que fueron reprimidos, a diferencia de los de aquí de Cuba que eran héroes, allá eran bandidos, delincuentes, de acuerdo con la propaganda. Muchas familias tuvieron que mudarse, sufrieron prisión, les intervinieron las propiedades y la campaña de desinformación fue tremenda, por lo tanto, había mucha desconfianza y la gente se mudaba y no daba la dirección.

Empezamos a localizar a todos y con cada uno era una gran emotividad: los hijos, las viudas, los padres lloraban, nos hacían llorar a nosotros.

Cuando llegamos a Tarija, una ciudad cerca de la frontera con Argentina a visitar a los familiares de Jaime Arana Campero, el Chapaco de la guerrilla, nos presentamos a su hermana Marta, le dijimos quiénes éramos y dijo: ‘pasen, que los estábamos esperando’. Nosotros nos sorprendimos porque nadie sabía que íbamos a ir allí y le preguntamos y ella dijo: ‘durante 17 años mi mamá y yo los hemos esperado. Nosotros sabíamos que el pueblo revolucionario de Cuba algún día iba a venir. Mi mamá no pudo esperarlos más, murió hace seis meses pero convencida de que ustedes vendrían’.

Realmente esa seguridad y esa confianza en nuestro pueblo creo yo que nos obliga a todos nosotros a ser leales con las ideas, con el ejemplo, con el pensamiento del Che, de Fidel, de los que nos han antecedido, porque para muchos latinoamericanos la confianza en el pueblo cubano como revolucionarios y antimperialistas se mantiene viva”.

En la última de sus páginas Adys Cupull y Froilán González culminan el libro con fragmentos de la oración fúnebre del sacerdote Hernán Benítez al Guerrillero Heroico que en una de sus partes reza: “Ha muerto con las características de los héroes de leyenda, quienes en la conciencia popular no mueren”.

Los autores del texto se encuentran al centro de la foto.