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Camagüey, 10 jul.- “La creación es un acto de angustia”, dijo Nicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación que lleva el nombre del Poeta Nacional de Cuba al rememorar las jornadas que precedieron a la develación de la estatua este domingo 10 de julio, “pero la angustia comienza a ceder cuando el resultado brinda satisfacciones”.

Así le sucedió a la artista de la plástica Martha Jiménez, protagonista de la obra, en la madrugada previa, cuando unos jóvenes que pasaban por la Plaza de los Trabajadores reconocieron al poeta, pie en tierra, hecho bronce en su suave comarca, y exclamaron: “¡ese es Nicolás Guillén!”.

La historia se contará a partir de ahora, los transeúntes harán de ellos la imagen, y el movimiento de la ciudad hilvanará nuevos recuerdos del Guillén en Camagüey; emociones fueron muchas, pero el abrazo sincero de la escultora a su pieza quedará en el recuerdo de quienes acudieron al encuentro con Nicolás en su cumpleaños número 120.

Esta mañana los lugareños se congregaron próximos al lugar, casi en la intersección de la calle Ignacio Agramonte con la Plaza de los Trabajadores, acompañados por el miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y su primer secretario en la provincia, Federico Hernández Hernández; Antonio Guerrero Rodríguez, Héroe de la República de Cuba; la gobernadora Yoseily Góngora López; y otras autoridades.

Las alegrías no quedaron allí. Abrió sus puertas en la calle Hermanos Agüero la Casa Natal del Poeta Nacional, hoy sede lugareña de la Fundación Nicolás Guillén, espacio donde convergerá la creación, el pensamiento y la museografía gracias al trabajo de varias instituciones de la cultura enfocadas en vindicar al ilustre camagüeyano en su terruño.

La fusión de manifestaciones artísticas cobró vida en la reinauguración del local donde el pintor agramontino Oscar Rodríguez Lasseria dejó a disposición del público la muestra Abre la muralla; mientras que la Orquesta de Cuerdas Juan Orol llenaba de melodías la estancia.

Nicolás Guillén está presente, llegó de andar y echó raíces, entre los muros de la Casa Natal, en el bronce de su estatua y el pensamiento de todos los camagüeyanos que le siguen “entre las plazas, sangres, gritos de otro tiempo. Es un sueño. Oh mi pueblo”.

 

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