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Jul, 2022.- Una consulta médica, el intercambio paciente-médico-fami­lia, y, la preocupación y ocupación del galeno lo llevó a ser más humano, solidario y compartir sus experiencias en el campo. Así empezó una relación que conllevó a una nueva visita, y esta al agradecimiento.

De ahí que se compartiera en familia, como buenos cubanos, y en ese encuentro se hablara de todo, hasta que salió a relucir el tema culinario y dentro de él la repostería, nada, que como decimos en este verde caimán “todos sabemos de todo”.

Pero lo que llamó mi atención no fue el postre que se elaborada con tanta sencillez, sino la acción de un médico presto a servir a los demás, alguien que por ser joven no dejaba de sorprenderme por su trato afable con los enfermos, sino también con sus familiares, explicarles hasta la saciedad el padecimiento, sus causas, cómo convivir con la afección y, sobre todo, hacerlos sentir bien desde la subjetividad, algo que considero, en lo personal, muy importante cuando se atiende a un aquejado.

Pero volviendo al tema que me ocupa, el altruismo, ese desprendimiento hacia su semejante y la habilidad para realizar cualquier labor, no dejé de admirarle, porque no son muchos los que con una profesión se dedican a otros menesteres. Para él lo mismo es estar en la cocina, levantar una pared de mampostería, echar un techo a su casa, que andar campechanamente entre sus coterráneos.

Esa es la juventud cubana, la que en estos tiempos está dispuesta a todo; la que deslumbra y accede libremente a realizar cualquier faena, no se circunscribe a su carrera universitaria o técnica, sino comparte y agradece ser de la isla mayor de Las Antillas.

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