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Ago, 2026.- En Nuevitas, Camagüey, Cuba, el tiempo parece tener una medida distinta cuando se cruzan las puertas de sus escuelas primarias. Allí, donde las risas infantiles han sido, por décadas, la banda sonora de la vida cotidiana, instituciones como la Ciro Redondo, la Amistad con los Pueblos y la Victoria de Girón no solo imparten conocimientos, ellas son guardianas de la memoria y el carácter de un municipio entero. 

Sus aulas han visto desfilar generaciones que aprendieron las primeras letras junto a valores como la resistencia, la solidaridad y la dignidad. Los patios, testigos de juegos y sueños compartidos, se convirtieron en el escenario privilegiado para la niñez que encontró un espacio para crecer. Cada acto patriótico, festival cultural y jornada escolar han ido edificando, ladrillo a ladrillo, una identidad comunitaria que recuerda a la educación por mucho más que transmitir conocimientos: es preparar para la vida en toda su complejidad y su belleza. 

Mairelis Matamoros Maldonado, madre de un estudiante de la localidad, lo expresa con la calidez de quien ha visto de cerca ese impacto transformador: "Para mí, la escuela no es solo el lugar donde mi hijo aprende Matemáticas o Lengua española. Es el espacio donde se forma como persona, donde aprende a compartir, a respetar y a querer a su patria. Cada mañana, cuando lo veo salir con su mochila, sé que no va solo a estudiar: va a construir su futuro". Sus palabras resumen el sentir de muchas familias que encuentran en estas escuelas el cimiento de una sociedad más justa. 

Primera parada: la Aurelia Castillo, monumento vivo de la educación en Nuevitas. Erigida durante la segunda intervención norteamericana y abierta en 1908 fue la primera escuela del municipio en contar con edificio propio. Sus muros centenarios parecen custodiar el saber. El nombre honra a la poetisa y periodista camagüeyana del siglo XIX, voz firme de la intelectualidad cubana. Cuenta la historia que, al saber que la escuela llevaría su nombre, la emoción la desbordó; envió una carta y una fotografía dedicada que aún hoy se conservan como reliquias en el vestíbulo. 

Segunda parada: la Victoria de Girón, cuyo nombre evoca la primera gran victoria contra el imperialismo en América. En su fundación fue reconocida como la mayor institución de educación primaria de toda América Latina, un título que, aunque los años hayan pasado, aún le confiere un aura de grandeza. Hoy se mantiene erguida en el Consejo Popular Los Micros, como baluarte educativo y símbolo de resistencia.

Tercera parada: la Escuela Especial Tania la Guerrillera, un espacio que brilla con luz propia en la memoria colectiva. Su nombre rememora a Haydée Tamara Bunke, la guerrillera que cayó en combate bajo las órdenes del Che Guevara. En cada aula se respira ese espíritu de entrega. Abierta a niños y jóvenes con necesidades educativas especiales su misión es profundamente humana: no solo prepararlos para la vida laboral, sino también para la vida en comunidad. Allí la diversidad se celebra y cada niño aprende que sus sueños, por difíciles que parezcan, son posibles. 

Cuarta parada: la primaria Ciro Redondo, que en sus orígenes fue un colegio de monjas y hoy es un referente del sistema nacional de enseñanza. Su nombre honra al mártir de la Revolución cubana Ciro Redondo García. Con proyectos culturales, actos cívicos y actividades comunitarias esta escuela refuerza la identidad local. Los niños aprenden a leer y escribir y, también, a ser ciudadanos responsables, herederos de la tradición de lucha que trasciende el tiempo. 

Lourdes Martínez, maestra de primaria con años de experiencia en Nuevitas, ofrece un testimonio que ilumina la esencia de esta labor: "Ser maestra en una escuela primaria de este municipio es mucho más que dar clases. Es ser parte de la historia de cada niño, testigo de su primer trazo, de su primera lectura, de su primera pregunta sobre el mundo". 

Cada una de estas escuelas demuestra que la primaria no es un mero lugar de paso, sino el escenario donde se construyen los sueños y se siembra la semilla del mañana. Porque es allí, en esos primeros años, donde se forja la identidad de los niños como estudiantes, ciudadanos y, sobre todo, seres humanos. 

Y mientras las mochilas sigan saliendo cada mañana en las espaldas de quienes saben querer y, las voces infantiles sigan llenando los patios, Nuevitas tendrá la certeza de que su historia más hermosa todavía se está escribiendo.

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