Ago, 2026.- Barreto es de esos hombres, que sin perder la madurez, se comportan en ocasiones como niños traviesos. Le aprecio por su calidez humana, lo admiro como el gran poeta que es y lo soporto como amigo, porque no tengo otro remedio. Es alguien que me invita a sonreír cuando no tengo ganas y regala sus versos como quien sabe de corazón que jamás los podría rechazar.
Es un poeta fundador de los talleres literarios en Nuevitas, que forma parte de la historia lugareña por la elegancia de sus libros y amor por defender tradiciones, patrimonio y cultural local, también desde las aulas enseñó literatura con pasión. A los escritores locales le premió con los mejores consejos que pudo y todavía escribe, de manera incansable, porque sólo la muerte impedirá que lo haga.
Por ello les invito a compartir sus vivencias.
P: ¿Qué lecturas y experiencias de juventud moldearon su sensibilidad poética y lo condujeron hacia la escritura de Vendedor de espejos?
EB: Si retrocedemos a las influencias que recibí en mi niñez y juventud, antes incluso de aprender a leer, lo cual hice desde muy temprana edad gracias a mi madre, ya me llegaban lecturas de forma oral. Mi abuela me contaba noche tras noche Las mil y una noches, los viajes de Simbad el marino y otras historias que iban sembrando en mí un mundo de imágenes y aventuras. Cuando ingresé en la escuela Adela Samuels, donde cursé toda la enseñanza primaria, ya sabía leer. Y entonces comenzaron las lecturas propias: Tarzán de los monos de Burroughs, libros de cuentos y aventuras, revistas que abundaban en la casa. En aquel momento no sabía exactamente qué buscaba, pero en realidad estaba buscando la identidad de mi futura obra literaria. Comencé a escribir desde muy temprano.
En el primer poema de Vendedor de espejos aparece esa necesidad bárbara de crear: “Escribo con lápiz cuando la tinta se agota”. Ese verso refleja mis comienzos: primero con tinta, luego con lápiz, cuando la pluma o el bolígrafo se agotaban, mucho antes de tener una máquina de escribir. Toda obra literaria tiene antecedentes. En mi caso fueron los cuentos de mi abuela, las aventuras de Burroughs, los libros que se fueron situando frente a mis ojos uno tras otro. La lectura se convirtió en un vicio maravilloso desde la infancia y fue creando un mundo mágico dentro de mí.
En un momento determinado sentí la necesidad de construir mi propio mundo, paralelo a aquellos que había leído, por eso, en Vendedor de espejos aparece ese primer verso: “Escribo con lápiz cuando la tinta se bota”. La escritura fue una de las primeras cosas que hice en mi vida, junto con la lectura. Ese es el verdadero antecedente de este libro y, en realidad, de todos los que he escrito.
¿Por qué eligió el espejo como eje simbólico y qué dimensiones de la memoria o la identidad cree que refleja?
Yo creo que fue el espejo el que me eligió a mí como símbolo para que lo representara. En realidad, en mi casa había varios espejos y siempre me llamó la atención desde niño, que creaba a través del espejo, o el espejo mismo creaba otras realidades. Esa idea infantil acerca de las cualidades de reflejar la realidad se fue ampliando y multiplicando con mis estudios en la Universidad y con la lectura de distintas corrientes filosóficas.
La influencia de escritores como Jorge Luis Borges, gran escritor y poeta, una de las máximas voces de la lengua española, también fue decisiva. Creo que la literatura es un reflejo de la realidad, una nueva creación de realidad. Cuando escribo creo algo que no estaba creado, pero tiene como antecedente la realidad en la que hemos vivido.
El título del libro Vendedor de espejos surgió de manera casual. Recuerdo que alrededor del año 1998 o 1999, paseando por Camagüey, vi a un hombre vendiendo espejos apoyados contra una pared. Al verlo, le dije a mi esposa: “Ya tengo el título del poema”. Desde entonces, ese hallazgo dio sentido y unidad al libro, que conjuga realidad e irrealidad para formar un modo de ver la vida.
¿Cómo dialogan en su libro los recuerdos íntimos con la memoria histórica y cultural de Nuevitas y de Cuba?
Un diálogo puede ser íntimo o expuesto. Uno puede hablar con sus recuerdos, con su realidad. En Vendedor de espejos hay un poema que recoge mi impresión de las calles desiertas de Nuevitas a primera hora, mezclado con los cuentos valencianos de Blasco Ibáñez. El poema dice: “Es muy temprano y las calles están desiertas. Al igual que en los cuentos valencianos de Blasco Ibáñez, una joven montada en su bicicleta amarilla vende gladiolos y crisantemos. Los gatos en las entradas de las escaleras parecen esculpidos sobre vidrio gris, pero el rostro de la muchacha es fresco y hermoso y le imprime un imposible deseo de quietud al instante del amanecer”. Ese diálogo entre lo íntimo y lo histórico-cultural muestra cómo la vida de Nuevitas, de Camagüey, de Cuba o de cualquier lugar se convierte en materia poética.
¿Qué lo llevó a fusionar prosa y poesía en este volumen, y cómo define esa frontera híbrida?
Vendedor de espejos es un libro de poesía, aunque se acerque a la prosa poética. La prosa y la poesía están muy juntas, muy unidas. El ritmo, la mixtura de realidad e irrealidad crean realidades meramente poéticas, por eso digo que la prosa y la poesía no están separadas en este libro: ante todo, es un libro de poesía.
¿De qué manera la ciudad, su arquitectura y su vida comunitaria se convierten en materia poética dentro de Vendedor de espejos?
La ciudad, sus calles, su arquitectura y su vida comunitaria aparecen como escenarios donde se mezclan memoria y sueño. Nuevitas, Camagüey y Cuba se convierten en espacios vitales que ofrecen posibilidades poéticas, reflejando tanto la realidad como la irrealidad.
¿Qué comentarios o lecturas de críticos y lectores le han resultado más reveladores sobre su obra?
Agradezco las críticas y sugerencias, pero siempre me guío por mis sentimientos y criterios. Escritores como José Coser y Jorge Luis Borges han influido en mi manera de ver la literatura y la vida. Vendedor de espejos fue finalista del Premio Casa de las Américas en 2004, lo cual constituye una crítica muy positiva y poderosa.
¿Qué papel cree que tiene la poesía en la preservación de la memoria cultural y en el diálogo con las nuevas generaciones de escritores?
La poesía fue una de las primeras formas de narrar del ser humano. Es una manera de pensar, de actuar, de buscar nuevas posibilidades del lenguaje. Para mí, la poesía es una forma de demostrar la realidad interior y exterior, mis experiencias, mi historia de vida y las historias de vida que conozco. La poesía preserva la memoria cultural y abre caminos de diálogo con las nuevas generaciones, mostrando la riqueza de la cultura cubana, latinoamericana y universal.





