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Ago, 2026.- Tengo la fortuna de haber asistido al nacimiento de muchos de los cuadros premiados de Wilfredo Pons Gómez, gran artista de Nuevitas. La atracción por las artes selló, hace más de 28 años, una amistad entrañable.

En su casa cada visita era una expedición al territorio de la sinceridad: hablábamos de la vida con pasmosa franqueza y, sobre todo, de literatura y artes plásticas, como quien abre las ventanas del alma hacia el mundo. 

Con el correr de los años me convertí en una humilde escritora y periodista, y él en un artista profundamente querido por los nueviteros. Era inevitable que, tarde o temprano, llegara el momento de entrevistarlo, como si la palabra y la pintura hubieran estado aguardando ese encuentro desde siempre. 

Entrevista 

-- Naciste en 1968 en Nuevitas y viviste junto al mar en casa de tus abuelos. ¿Cómo influyó ese paisaje marino en tu sensibilidad artística y en la elección de temas recurrentes en tu obra? 

Se puede decir que parte de mi vida he vivido en el mar y otra en la tierra. Mi familia tenía varias embarcaciones y con mi hermano salíamos a pescar después de los Ballenatos en la zona del Júcaro -buscamos como carnada las mojarras chiquitas-, era toda una aventura. 

Creo que sí, que influyó en todos los aspectos. Uno convive directamente con la naturaleza: el color, las formas, las luces, el contacto con el mar y las especies que lo habitan. Sabes a dónde vas, cómo quieres que se mueva tu obra, cómo quieres que luzca y todo eso, por supuesto, repercute en el trabajo. 

No tiene nada que ver la fantasía que surge en la mente, cómo hubieras imaginado el entorno, con la realidad tal cual es. La influencia está ahí: sol, mar, iluminación, colorido (…) todos esos elementos se filtran en la obra. Pero la realidad también impone su presencia: la contaminación, las huellas de la degradación. 

A veces, según el discurso que quieras dar en tu cuadro, decides cómo usar los colores. Si quieres hablar de la contaminación y el deterioro del medio natural, los tonos se vuelven reflejo de esa denuncia. Si, en cambio, deseas rescatar la idea de un paisaje ideal y maravilloso, entonces los colores se transforman en celebración de esa belleza. 

Por eso, sí: la influencia está siempre. Pero todo depende del discurso que quieras mostrar en tu trabajo. 

-- Estudiaste Diseño Mecánico en La Habana pero pronto te vinculaste a grupos artísticos. ¿Qué te hizo dar ese giro hacia las artes plásticas y cómo se conjugó tu formación técnica con la creatividad pictórica? 

Estudié diseño mecánico en La Habana, pero el lugar donde vivía estaba cerca de la Universidad y allí existían círculos de interés vinculados a las artes plásticas. Poco a poco me fui acercando, porque, como dicen los viejos, el arriero siempre coge para el monte y aquello me resultaba atractivo. 

El óleo, la mezcla de colores en el lienzo, la posibilidad de plasmar algo (…) todo eso se me hizo interesante y me vinculó durante un tiempo. Allí comprendí aspectos que antes desconocía: la imprimación, la distribución del discurso dentro del cuadrante pictórico y esas nociones fueron de gran utilidad. 

Cuando regresé a Nuevitas comencé a trabajar como diseñador. El diseño mecánico se apoya mucho en el dibujo técnico, en la distribución de ángulos y líneas para demostrar formas y estructuras. Eso también tiene un componente artístico y me sirvió a la hora de pintar mis cuadros. 

Hoy, cuando realizo distribuciones o composiciones me resulta muy útil el uso del compás y otros recursos que aprendí en el diseño mecánico. Una cosa llevó a la otra, y poco a poco me fui acercando a la Casa de Cultura de Nuevitas, con sus competencias, sus muestras pictóricas y su galería. 

Todo ese proceso fue paso a paso, en la formación de una idea más amplia. Después llegaron las exposiciones personales y otras experiencias que consolidaron mi camino artístico. 

-- Al regresar a Nuevitas te integraste a la Casa de Cultura y participaste en exposiciones. ¿Qué recuerdas de esos primeros encuentros con el público y la comunidad artística local? 

Fue el lugar donde conocí a muchas personas relacionadas con el arte. Compartir con otros artistas resultó maravilloso: nos permitió intercambiar sobre técnicas, maneras de representar determinados efectos y aprender cosas que antes desconocía. De todo ello nació una magnífica amistad y disfrutamos muchísimo en las actividades que organizábamos. 

Hablar con ellos siempre fue enriquecedor. Con Oscar, por ejemplo, con quien más me relaciono, aprendí mucho; me cuenta cómo logra ciertos resultados y de dónde surgen sus mejores ideas en fotografía. Es realmente magnífico en ese campo y lo admiro profundamente por su trabajo. 

También fue alguien que me ayudó muchísimo cuando retomé la pintura. Ese empujón, junto a Yuset, fue decisivo. Gracias a ellos me siento nuevamente listo para emprender un futuro proyecto con entusiasmo renovado. 

-- Has recibido premios como el Guernica y varias menciones en el Salón Mariano Rodríguez. ¿Qué significaron en tu carrera esos galardones? 

Por supuesto, cualquier premio que se reciba, por pequeño que parezca, es siempre un gran estímulo para el trabajo realizado. Eso le otorga importancia, sin duda, y despierta muchos recuerdos. 

En medio de tantas dificultades para conseguir materiales y lograr efectos, sin contar con formación académica previa, volver a crear y lograr que la obra resultara atractiva para la gente fue, sin duda, el mejor de los premios. 

Conservo todavía aquellas piezas, porque cada una es un recordatorio, una parte de la historia. Al observar un trabajo de un año y compararlo con el siguiente se perciben las diferencias en técnica y calidad, y uno se da cuenta de cómo va evolucionando en el transcurso de su camino creativo. Esa constatación también tiene su belleza. 

En su momento, cada obra estuvo impulsada por un libro que leía, por una historia contada por un amigo, o por una conversación casual. La imaginación vuela; uno coloca un personaje en determinada situación, lo rodea de colores que forman parte del discurso y así nace la obra. 

Ese proceso le da un valor especial: me hace recordar el instante preciso, aquello que sirvió como motor de arranque para crear. 

--En 2002 presentaste la pasarela Decoraciones de mi piel. ¿Cómo surgió la idea de llevar tu arte al cuerpo humano y qué recepción tuvo?

 Comenzó a darse como un modo de expresión, también corporal: una técnica ancestral de poner tinta en la piel, con figuras, diseños y geometrías. Cada persona encontraba en ello una forma distinta de expresarse.

Era también un enfrentamiento a ciertos tabúes, algo que alimentaba la rebeldía de cada quien. El verano comenzaba y, junto a otros amigos, me pareció genial añadir algo vistoso para recibirlo. Con el tiempo aquello se convirtió en un modo de vida, en un intercambio creativo que llamó la atención. 

Formamos un gran grupo de amigos con inquietudes similares. La decoración corporal y el tatuaje eran algo novedoso en Cuba, y el hecho de desafiar lo considerado tabú le daba un toque aún más llamativo. La gente disfrutaba ser parte de ello: se transformaban en lienzos vivientes que recorrían el pueblo mostrando runas vikingas, hadas fantásticas, mariposas tribales o versos tatuados. 

-- Participaste en el diseño de la Casa de la Trova Municipal. ¿Cómo fue ese proceso de integrar la plástica al espacio cultural? 

A mí me pareció genial que nos tuvieran en cuenta a la hora de integrar el arte con el valor arquitectónico del local y la ambientación que había que darle. Todo quedó realmente muy bien logrado. 

Después, quienes estuvimos allí pudimos apreciar cómo todo armonizó: el espacio, la obra y la música adecuada que acompañaba. Ese detalle le dio un toque especial al lugar, convirtiéndolo en una experiencia completa. Agradezco mucho al artista Roberto Figueredo que haya pensado en mí como parte del equipo que dio vida a ese lugar. 

-- ¿Qué temas y técnicas predominan en tu producción actual? ¿Mantienes la línea de paisajes y marinas o exploras nuevas tendencias? 

El trabajo siempre ha estado presente. A mí me ha gustado el surrealismo, aunque suelo combinarlo con otros elementos. La parte paisajista no se me da muy bien, pero el agua aparece constantemente: rocas, aves, pequeños crustáceos (…) detalles que embellecen la obra y le dan vida. 

El proyecto que estoy desarrollando ahora es óleo sobre lienzo. Aplico diversas técnicas, incluso he experimentado con acrílico y con mezclas, pero al final siempre termino puliendo con óleo, que es mi técnica preferida. 

Me atraen mucho la mitología, la fantasía y los mundos oníricos. En general, busco aquello que me permita un flujo libre de colorido, porque el color es, para mí, lo fundamental en la expresión artística. 

-- Has expuesto en la Galería de Arte de Nuevitas y en playa Cuatro Vientos. Participaste en numerosas muestras en la Galería de Arte de Nuevitas, en Camagüey y La Habana. ¿Qué importancia tienen para ti los espacios locales en la difusión del arte? ¿Y qué valor le das al intercambio con otros artistas? 

Por supuesto, esos espacios resultan fundamentales a la hora de fundir lo que es el arte en general, porque son lugares donde todos pueden acercarse a tus exposiciones y proyectos. 

La pintura, como medio de expresión, es magnífica, te libera, te permite proyectar. Los proyectos que habitan en tu mente se trasladan al lienzo y, al hacerlo, llega la satisfacción por el trabajo realizado. 

Pienso que el arte, en sí mismo, es liberador. Y es lógico que, a pesar de las dificultades con los materiales y las limitaciones en la promoción, al menos exista un espacio donde esa liberación espiritual pueda manifestarse.

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