Jul, 2026.- Juan M. Rivas es un nuevitero que se formó culturalmente desde sus raíces y hoy en día es una persona que sigue presente en esta ciudad de lomas, industrias y mar.
--Fuiste el último alumno del maestro Luis Carbonell. ¿Puedes compartir alguna anécdota de esa vivencia?
Gracias a la maestra Corina Mestre fue que conocí al maestro Carbonell. En el mes de julio tuve que ir a su casa. Me dijo: “Sí, puedes venir cuando tú quieras”. Recuerdo que hacía un calor inmenso. El apartamento era pequeño, lleno de decoraciones, con un piano de cola enorme en la sala. Una casa con una magia muy grande. Y tener delante de ti la presencia del Maestro Luis Carbonell… tú dices: “¡Wow, dónde estoy!”. Te pellizcas, porque no sabes si es real estar frente a él, una persona de la cual ya habías aprendido varias de sus estampas.
Lo conocí personalmente, comenzamos a hablar. Recuerdo que me dijo: “A ver, ¿qué es lo que tú te sabes?”. Con una voz muy autoritaria, porque siempre fue así: una persona que decía “conmigo las cosas no pueden quedar bien, conmigo tienen que quedar perfectas”. Al escuchar aquello te temblaban las piernas, todo. Pero había que asumirlo.
Le recité un fragmento de la estampa Igual que el Niño Valdés. Me dijo: “Está bien. ¿Estás de acuerdo en tomar clases conmigo todos los martes a partir de las cuatro de la tarde?”. Justo ese día que fui era martes y a esa hora estaba entrando. Yo le respondí: “Maestro, claro que sí”. Pero reflexioné: “Soy de Ciego de Ávila, eso implica viajar todas las semanas a La Habana”. Le propuse recibir clases una semana al mes. Él me miró fijo y, con voz recta y seria, me dijo: “Te dije que los martes a las cuatro de la tarde. ¿Estás de acuerdo o no?”. Yo bajé la mirada y respondí: “Sí, maestro, cómo no. No hay problema. Aquí estaré todos los martes a las cuatro”.
Y así fue durante cinco años, los últimos cinco de su vida. Todos los martes a las cuatro de la tarde yo tocaba la puerta de su casa para recibir clase. Y te digo sinceramente: ha sido una de las cosas más lindas que me han pasado en la vida.

Aprendí tanto. Venía de una disciplina férrea con mi director de teatro, pero con él la disciplina era aún más rigurosa. Aprendí humildad como artista y como ser humano. Era una persona que te recibía con cariño: te ofrecía un vaso de agua, café, té o incluso ron, porque a su edad todavía se daba su traguito, como buen santiaguero. Con el tiempo le cogí un cariño tal que ya era como familia. Yo llegaba y le decía: “Mi viejo lindo, ¿cómo está?”. Le daba un beso en la frente, lo abrazaba. Él, contento, lo primero que me preguntaba era: “¿Cómo está tu país?”. Y yo le contaba cómo estaba Ciego de Ávila.
Creamos una relación de amistad muy bonita, de profesor y alumno. Me enorgullecía llegar a su casa y encontrarme con glorias de la cultura cubana: cantantes, músicos, como Ulises Hernández, director del Centro Mozartiano de La Habana, y otros. A todos les decía: “Mira, él es alumno mío”. Ser alumno de Luis Carbonell no era nada fácil. Por sus manos pasaron grandes de la cultura de este país: Pablo Milanés, Los Papines, Esther Borja, Elena Burke. Siempre me contaba anécdotas de ellos al terminar las clases. Yo salía de su casa lleno, caminando en una nube.

El maestro era una enciclopedia de cultura. Fue algo muy lindo. Me emocioné tanto que preparé en Ciego de Ávila un espectáculo, una gala homenaje. Reuní músicos y un equipo técnico. Queríamos que él estuviera presente, pero lamentablemente falleció en medio de la preparación, en 2014.

--Estás de visita en Nuevitas, pero eres nuevitero de pura cepa. ¿Qué sientes sobre este hecho?
Bueno, a ver. Yo soy nuevitero de pura cepa, como decimos en buen cubano: nuevitero hasta los huesos. Y eso no lo voy a olvidar nunca. Porque uno nunca puede olvidar de dónde vino.
Para mí, en estos días que estoy aquí visitando a la familia —que me cogiste de casualidad, así de rampante, en medio de una cola-- volver a la ciudad que me vio nacer, que me vio crecer, la ciudad donde estudié hasta la secundaria básica, es algo muy especial. Caminar sus calles, encontrarme con amigos que estudiaron conmigo, con vecinos de toda la vida (…) En cada esquina, en cada calle, hay un recuerdo. Revivir esos momentos es maravilloso, te llena espiritualmente, te llena mucho.
Estoy muy contento de volver a mi tierra, de ver a mi familia y a mis seres queridos. Ellos también están felices de tenerme aquí, me llevan de un lado a otro: “Vamos aquí, vamos allá”. Y siempre surge la pregunta: “¿Dónde está fulano? ¿Te acuerdas de mengano?”. Tú sabes cómo somos los cubanos, y más los nueviteros: siempre recordando, siempre compartiendo. Han sido días lindos, muy lindos, los que he pasado en mi ciudad.
Sobre todo entrar a esta emisora, Radio Nuevitas. Recuerdo que de niño pasaba por aquí y dejaba noticas pidiendo canciones para un programa que salía a las cuatro de la tarde, Rumbo al 2000. Yo estaba en la secundaria y pedía números musicales. Me complacían y escuchar mi nombre en la radio era algo grande para mí. “¡Oye, dijeron mi nombre en la radio!”.
Y nada, bañarme en sus playas, las mismas donde me bañé de niño y adolescente, ha sido muy bonito volver a reencontrarme con mi pasado, un pasado que no olvido y que recuerdo con mucho amor. Porque fue lo que me enseñó a crecer como persona, sobre todo la educación que recibí de mi familia, de mi madre y, especialmente, de mi abuela aquí en esta ciudad.
Por eso, vuelvo y repito: regresar siempre a Nuevitas será para mí una felicidad inmensa, de verdad que sí.
--¿Qué opinas sobre lo que está pasando en el ámbito cultural nuevitero? ¿Te gustaría participar en algún proyecto cultural local?
Bueno, sobre lo que sucede en el ámbito cultural aquí en Nuevitas yo estoy muy contento porque vuelvo atrás, vuelvo a aquellos tiempos en que estas calles se llenaban de gente —gente en el buen sentido de la palabra— por las actividades culturales: los carnavales de Nuevitas, que eran muy mencionados en toda Cuba, su Semana de la Cultura y los grandes eventos organizados gracias a la Dirección Municipal de Cultura.
Era una efervescencia de personas, de alegría, de festividad. Las calles se llenaban de vida y todo aquello era muy bonito. Luego vino el período especial y se fueron perdiendo poco a poco esas cosas. Yo recuerdo que después me fui del municipio y, cuando regresaba por unos días, ya no veía la misma Nuevitas.
Más tarde, viviendo en La Habana, vi en las redes sociales que se estaba gestando un movimiento de rescate de las tradiciones de Nuevitas. Te confieso que cuando volví a ver al Dragón Fernando salir a las nueve de la noche en el Parque del Cañón, durante una Semana de la Cultura, lloré. Lloré porque era algo que se había dejado de hacer y se retomaba gracias a la nueva dirección de Cultura en el municipio.

Ese renacer se lo debemos, sobre todo, a Leangel, un gran amigo que conocí a través de las redes sociales. Ya aquí en la ciudad lo vi, conversamos, y, gracias a él y a su equipo se ha levantado un poco todo ese movimiento. Estoy seguro de que el pueblo agradece este renacer de la cultura nuevitera.
Me alegra mucho ver que se remodeló la Casa de Cultura, que volvió a abrir sus puertas después de tanto tiempo cerrada, y que se retomó la Semana de la Cultura. Yo seguía todo eso por las redes sociales, y cada publicación me llenaba de alegría.
Por eso te digo, sin que me quede nada por dentro, estoy muy contento con el trabajo que está realizando la Dirección Municipal de Cultura en Nuevitas. Claro que me gustaría participar en algún proyecto local. Si me invitan, con mucho gusto acepto, esté en Nuevitas, en La Habana o donde sea. Porque esta es mi ciudad, la ciudad que me vio nacer. Y qué mejor que brindar mi arte y mis conocimientos a esta tierra, mi cuna, mi raíz.
Yo agradecido, agradecido de que me hayas invitado a esta entrevista. Contentísimo de rememorar cosas lindas, agradecido de volver a caminar los pasillos de esta emisora. De niño no los recorrí mucho, apenas llegaba hasta el lobby para entregar mis papelitos con solicitudes de canciones en los programas.
Pero ha sido muy lindo regresar, muy lindo recordar, y de verdad te agradezco infinitamente esta invitación que me has hecho.
--El agradecimiento a Juan M. Rivas por volver a sus raíces, rememorar su hacer culturar y acceder compartir esas vivencias con los lugareños que siempre estarán pendientes de sus actuaciones, ya sea en Teatro, la Radio o en la Casa de Cultura de Nuevitas.





