Jul, 2026.- Juan M. Rivas se sostiene en una trayectoria que lo convierte en una figura singular dentro del panorama cultural cubano. Como actor de teatro forma parte de la Compañía Rita Montaner y del proyecto Para Contarte Mejor, donde la narración oral se convierte en puente entre tradición y contemporaneidad. En la radio su voz ha dado vida a personajes en Radio Progreso y Radio Arte, medios que han sido esenciales para la difusión cultural en Cuba.
Su labor como productor en el Pabellón Cuba, sede de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), lo vincula directamente con la promoción de jóvenes creadores y la defensa de un espacio cultural plural.
El documental Repique Repique Juan se convierte en testimonio de su vida y obra, un registro audiovisual que rescata su memoria personal, también, lo inscribe en la historia cultural de Nuevitas y en el legado de maestros como Luis Carbonell.

Ser “el último alumno” de Carbonell no es un dato anecdótico, representa la continuidad de una tradición artística que se transmite de generación en generación, y que en él encuentra un heredero comprometido con la palabra, la música y la escena.
Me lo encontré de casualidad en una cola. Me recordó que habíamos estudiado en la misma secundaria y nos pusimos al día: él ahora es actor y yo periodista. Su ternura y autenticidad me sedujeron, y lo llevé de la mano hasta Radio Nuevitas para compartir su vida con el pueblo.
--Una de tus primeras vivencias en el mundo del espectáculo fue en una comparsa infantil nuevitera. Nos gustaría conocer: ¿qué emociones sentiste?
Bueno, eso fue por embullo de los compañeros míos del barrio. Recuerdo que me dijeron: “Están haciendo captaciones para una comparsa infantil de los carnavales”. Y yo respondí: “Bueno, está bien, vamos”.
Fuimos todos los muchachos y, de casualidad, me escogieron a mí. No sé ni cómo. Siempre me gustó bailar, eso sí, siempre me gustó bailar y disfrutar de todo lo relacionado con la música y la fiesta.
Cuando me vi entre los escogidos para integrar esa comparsa fui muy feliz. Recuerdo que el director se llamaba Néstor, instructor de la Casa de Cultura de Nuevitas. Y nada, participé, estuve dentro de esa comparsa ese año.
Yo era muy gordito y a veces había que caminar tramos muy largos para llegar al jurado. Llegaba cansado, y en algunos momentos me salía de la fila porque éramos todos niños, muchachos. Yo estaba en tercer grado. Me decían: “¡Juan, entra a la fila!”. Pero era que ya estaba agotado.
A la hora de llegar al jurado había que estar, como decimos en buen cubano, “afilado”. Pero yo llegaba muerto, muerto donde estaba el jurado.
--Háblanos un poco de tu trayectoria como actor en la radio y el teatro en Cuba
A ver, primeramente te voy a hablar del teatro. Recuerdo que en el año 1999, para ser más exacto, estaba trabajando y de casualidad pasé por la filial de la Asociación Hermanos Saíz en Ciego de Ávila, que fue donde primero viví al salir de Nuevitas. Allí me encontré con el director y le dije que me gustaba la actuación. Me respondió: “Bueno, cuando quieras puedes venir por aquí, te hago unas pruebas para ver si puedes entrar al grupo”.
Así fue. Me presenté, estuve a prueba una semana, aunque en realidad solo dos días. Al final me dijo: “Ya eres integrante del grupo”. Ese grupo se llamaba Proyecto Teatral La Nada. Éramos jóvenes que soñábamos con ser actores profesionales algún día. Allí estuve cinco años, montamos obras y hasta participamos en festivales nacionales, aunque éramos aficionados.
Luego el director pasó al Guiñol Polichinela de Ciego de Ávila y poco a poco nos fue integrando. En 2003 entré oficialmente a la compañía Teatro Polichinela, un grupo de teatro infantil de la provincia. Allí trabajé durante 22 años haciendo teatro para niños, jóvenes y también alguna que otra obra para adultos. Nos preparó en todos los ámbitos del teatro. Lo único que nunca hice fue trabajar con zancos, porque les tengo terror. Una vez le dije: “Si montas una obra con zancos, me puedes dar la baja, porque yo no voy a trabajar”. Al final no pasó nada y seguimos con nuestro trabajo habitual, sobre todo con títeres y figuras animadas de distintas técnicas.
El director falleció en 2021, víctima de la pandemia de COVID-19. Entonces decidí no hacer más teatro en Ciego de Ávila y me trasladé a La Habana, donde comencé mi vida profesional en la compañía Rita Montaner, dedicada principalmente al teatro para adultos. Me dije: “Voy a probar, no voy a buscar grupos de teatro infantil, voy a ver qué tal me va en el teatro para adultos”.
En ese tiempo montamos la obra Jacaranda, dirigida por Mireia Chapman, como homenaje a esa gran actriz de la compañía. También tuve la posibilidad de trabajar con un grupo de narración oral llamado Para contarte mejor. El director me dijo: “Juan, quiero trabajar contigo”. Ellos hacen narración oral para adultos, pero también espectáculos infantiles. Y ahí comprendí que nunca me he podido desprender del teatro infantil: escucho una canción para niños y me vuelvo un niño de cinco años. Es un trabajo difícil, pero gratificante y muy bonito.
Hoy estoy haciendo teatro para adultos, teatro para niños y también trabajando en la radio, en Radio Arte y en Radio Progreso. Sobre eso tengo mucha tela por donde cortar, porque mis inicios fueron principalmente en Radio Arte.
A la radio llego de casualidad. En mi vida casi todo ha sido así, de casualidad.
Ya estando en La Habana me contactó Gertrudis Ramírez Mustel, una de las directoras de dramatizados de Radio Surco en Ciego de Ávila, que se había trasladado a trabajar en la capital. Me llamó por teléfono y me dijo: “Juan, me enteré que estás en La Habana. Estoy buscando actores para formar un equipo y grabar dramatizados en Radio Arte”.
Yo acepté, aunque con mucho miedo, porque nunca había hecho radio, y mucho menos dramatizados. Pero en el mundo de la actuación nunca he tenido miedo: me enseñaron que las cosas se hacen y se hacen bien. Como decimos en buen cubano: si ya estamos encima del caballo, hay que darle los palos.
Recuerdo que la primera vez fue en un dramatizado policíaco, de la serie Caso Cerrado, producida por Radio Arte. Cuando me vi delante de un micrófono, sin tener con quién hablar, solo con el guion, me puse tan nervioso que ni sabía leer. No encontraba cómo decir las palabras. Pero poco a poco fui entrando en caja gracias a los grandes actores de Radio Arte, en especial Matos Alvarado, narrador de la productora, que me ayudó mucho, junto a otros actores y actrices de experiencia. Me decían: “No te pongas nervioso, hazlo así, hazlo por acá”.
Hasta que llegó la grabación de mi primera novela en la radio, Mujeres. Después grabé alrededor de tres novelas más en Radio Arte. Luego me propusieron conocer a Villasuso, uno de los directores de Radio Progreso. Me dijeron: “Te voy a presentar a Villasuso, a ver si quiere trabajar contigo”.
Para mí llegar a Radio Progreso fue la cúspide de la radio cubana —sin menospreciar ninguna otra emisora— porque es la emisora de la familia cubana. Y sobre todo, trabajar en los dramatizados que escuchaba desde niño. Era un sueño cumplido.
Logré entrar en Progreso, donde estoy actualmente. Comencé grabando Por nuestros campos y ciudades. Después vinieron propuestas para Estudio 4, Novela de las dos y Novela cubana. Y ahí sigo, grabando en Progreso.
La radio es un bichito que se te mete dentro y después no sabes cómo sacarlo. Muchas veces he pensado en dejar el teatro y quedarme solo con la radio, pero sé que eso nunca va a pasar. Sin las tablas no puedo estar, y sin un micrófono grabando un dramatizado tampoco.
Así que lo llevo todo a la par: teatro y radio. Y soy feliz así, porque al final estoy actuando, ya sea de una manera o de otra.
--Tu faceta de profesor debe haber sido una etapa bastante gratificante. ¿Puedes regalar algunos recuerdos?
A ver, mi faceta como profesor fue en Ciego de Ávila. Yo era actor de la compañía Polichinela, de la que te hablé anteriormente. Mi director que, además, era profesor de dirección y actuación, un día me dijo: “Juan, quisiera que dieras clases en la Escuela de Instructores de Arte”.
Yo le respondí: “Es que a mí el magisterio no me gusta”. Y él insistió: “No, pero te vas a sentir bien, porque quiero que impartas Historia del Teatro”.
La historia siempre me ha gustado, tanto la de Cuba como la universal. Así que acepté. Y qué mejor que hablar de la historia del teatro: desde sus inicios en las comunidades primitivas, pasando por Grecia, Roma, la Edad Media, el teatro en Rusia, Alemania, hasta llegar al teatro cubano. Poder transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones, fue algo muy bonito, algo que no olvidaré nunca.
Después de ese tiempo dando clases muchos alumnos me encontraban en la calle y me decían: “Profe, gracias”. Yo les preguntaba: “¿Gracias por qué?”. Y ellos respondían: “Porque todavía conservo las libretas de sus clases, y me han servido incluso para mis trabajos en las Casas de Cultura. Se lo agradezco infinitamente”.
Escuchar ese tipo de comentarios alegra mucho. Es un halago que viene de alguien que fue tu alumno, y confirma que lo que hiciste dejó huella. Para mí, la historia siempre ha sido una pasión, y si es la historia del teatro, mucho más.
--Tuviste la oportunidad de compartir momentos de calidad junto a la gran maestra que fue Corina Mestre. ¿Cómo atesoras esta etapa de tu vida?
Bueno, a ver. A Corina Mestre la conozco yo, a la maestra, que en paz descanse, la conozco porque ella iba a Ciego de Ávila a realizar las pruebas de captación para el Instituto Superior de Arte (ISA).
Yo no tenía pensado presentarme a esas pruebas, para nada. Pero por embullo de algunos colegas, amigos míos del teatro, me dijeron: “Preséntate, este es tu último año”. Recuerdo que yo tenía como 25 o 27 años, no lo recuerdo bien. Ellos insistieron: “Preséntate, este es tu último año para que te vean y estudies en el ISA, en La Habana”.
Yo no conocía La Habana. Les dije: “¿Pero ustedes creen? Qué sé yo (…)”. Al final me presenté. Ella estaba de jurado junto a cuatro profesores más. Cuando hice una prueba el resultado no le gustó. No me aprobaron.
Iban sacando alumnos, uno tras otro, hasta que quedamos alrededor de cinco muchachos, entre ellos yo. Pero al dar los resultados no me aprobaron.
Pasaron tres días más en Ciego de Ávila y, de casualidad, nos encontramos en la sede del Teatro Abdala, donde estaba el grupo Polichinela. Ella se me quedó mirando fijamente y me dijo: “Yo venía buscando al negro, al negro que buscaba por toda Cuba. Cuando te vi a ti dije: ya lo encontré aquí en Ciego de Ávila. Pero hiciste algo en la prueba que no me gustó, y hubiera querido que la tierra me tragara”.
Me lo dijo con tanta rabia, mirándome fijo. Yo no sabía qué responder, también hubiera querido que la tierra me tragara en ese momento. Pero nada, pasó el tiempo.
Tuve la dicha de que un buen día la vuelven a invitar a Ciego de Ávila, porque le encantaba esa ciudad. Fue a ver la prueba final de unos alumnos de actuación de la Escuela de Instructores de Arte. En ese espectáculo me pidieron que declamara.
Declamé. Y con tan buena suerte que, a los dos días, Odalis, trabajadora del Consejo Provincial de las Artes Escénicas en Ciego de Ávila, me dijo: “Corina Mestre te vio declamando y nos propuso que, si estás de acuerdo, tomes clases con el Maestro Luis Carbonell en La Habana. Él ya está muy enfermito y no tiene quien continúe su trabajo, su legado”.
Me puse muy contento, muy, muy contento. Y gracias a la Maestra Corina Mestre tuve la posibilidad de estudiar con el Maestro Luis Carbonell.
La conversación con Juan M. Rivas continuará en una nueva publicación que le sugerimos para que disfruten de su hacer cultural y del Maestro de la Acuarelista Antillana.





