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Jul, 2026.- En el centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz la memoria del 26 de julio de 1953 no se viste de luto ni de nostalgia, sino de combate, porque el Moncada, como bien lo han entendido las nuevas generaciones de cubanos, no pertenece al pasado, es una guía eterna de heroísmo y patriotismo, un llamado vigente que cada generación debe reinventar en su propio momento de sacrificio.

Aquella madrugada un puñado de jóvenes que no superaban en su mayoría los 30 años de edad, liderados por un joven abogado llamado Fidel Castro Ruz, asaltó un cuartel para despertar la conciencia dormida de una nación, era la Generación del Centenario, en honor al natalicio de José Martí, ellos decidieron que la historia de Cuba no podía seguir escribiéndose con la tinta de la sumisión.

Hoy, el Comandante no se vislumbra como una fecha de cierre, sino por un punto de partida y el protagonismo, como ha quedado claro en el Programa Conmemorativo presentado por la Presidencia, lo tienen los jóvenes, quienes con su accionar aspiran convertirse en la nueva Generación del Centenario.

¿Qué valores legaron aquellos hombres y mujeres que combatieron en el Moncada? No fueron valores de museo, sino la audacia de desafiar lo imposible, la convicción de que la libertad no se mendiga, se conquista, al igual que el sacrificio para comprar la dignidad de un pueblo.

El Moncada mostró el protagonismo de Melba Hernández, Aidé Santamaría, Celia Sánchez, Vilma Espín: mujeres que empuñaron las armas y las ideas con igual firmeza y que hoy son faros para las nuevas generaciones.

Su legado en los jóvenes, como yo, no es una consigna repetida sin sentido, es el humanismo revolucionario, la ética inquebrantable, el antimperialismo llameante, el permanente apego al sentir del pueblo, la certeza de que, como escribiera el joven Raúl Gómez García antes de caer en el Moncada, "(…) a la Generación del Centenario le caben los honores de construir la patria que soñara el Maestro inmortal (...).

Hoy los jóvenes cubanos estamos reflejados en aquella audacia. No se trata de repetir gestas, sino de comprender la esencia: la juventud debe ser vanguardia preparada, enarbolada como escudo porque el Moncada de estos tiempos no es un cuartel, es cada trinchera donde se defiende la soberanía, cada laboratorio donde se gesta la ciencia, cada comunidad donde se siembra la esperanza, cada cabina radial donde se informa o se critica lo mal echo.

El cerco imperialista se ha cerrado sobre Cuba, como lo hiciera en 1953, pero los jóvenes de hoy sabemos, porque la historia nos ha enseñado, que de las dificultades se sale siempre combatiendo, no rindiéndose. Que la esperanza hay que organizarla, como Fidel lo hizo con un puñado de jóvenes en Santiago de Cuba y la convirtió, cinco años, cinco meses y cinco días después, en la Revolución triunfante del Primero de Enero.

El Moncada despertó los cubanos para trazar el camino de la libertad. Y ese despertar, en el centenario de Fidel, sigue interpelando a cada joven que hoy camina por las calles de este verde caimán, que estudia en la Universidad, que deposita una flor en el monolito de Santa Ifigenia, porque Fidel no se fue, se sembró en esta isla.

Que quede el homenaje en la responsabilidad de las nuevas generaciones, que debemos asumir con valentía y sacrificio la continuidad de esta historia grandiosa. Ese es el verdadero tributo al 26 de Julio y al Comandante en Jefe en su centenario, ser el líder que cada época requiere y como hoy repiten los jóvenes cubanos, la Revolución se define por la condición revolucionaria de una vanguardia juvenil que toma el cielo por asalto, y en el 2026 esa vanguardia tiene nombre y apellido, la Generación del Centenario de Fidel, llamada a organizar la esperanza y un futuro mejor, que es posible,

Porque el Moncada no fue un hecho, fue una promesa y las promesas, como la de Fidel, sólo se cumplen cuando las nuevas generaciones las hacen suyas.

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