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Jun, 2026.- Los refranes cubanos son pequeñas chispas de vivencias cotidianas que iluminan el pensamiento. Breves y astutos, cada uno encierra una lección capaz de transformar la manera de ver la vida, como bien se dice: 'Solo hay un bien: el conocimiento; solo hay un mal: la ignorancia'.

La historia se remonta a siglos atrás, cuando el marqués de Santillana, Don Íñigo López de Mendoza, recogió en el siglo XV los primeros en su obra Refranes que dizen las viejas tras el fuego. Desde España esos dicharachos inteligentes viajaron en barcos y se instalaron en Cuba, donde se impregnaron de la gracia criolla. 'De tal palo, tal astilla', recuerda la tradición y en ellos se adivina la mezcla de raíces europeas y caribeñas.

Samuel Feijóo, inquieto adolescente, se dedicó a coleccionar esas sentencias del campo y la ciudad, convencido de que en ellos se escondía la esencia del pueblo, sus verdades más desnudas. Y no se equivocaba: en cada rincón de la mayor de las Antillas los dichos brotan con picardía, porque 'Debajo de cualquier piedra aparece un sapo'. Así se confirma que el ingenio cubano está hecho, incluso y sobre todo, para reírse de sí mismo.

Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, los convirtió en música: 'El que siembra su maíz, que se coma su pinol', 'Toma chocolate y paga lo que debes'. Estos trozos de sabiduría popular se cantaban, se bailaban y hasta se cocinaban. Así mismo: 'A quien no quiere caldo, se le dan tres tazas'. Y como siempre, la vida seguía: 'El muerto al hoyo y el vivo al pollo'.

La oralidad ha sido históricamente más fuerte que la palabra escrita. De cualquier manera, 'Al que madruga Dios lo ayuda' y 'Más sabe el diablo por viejo que por diablo'. Los ancianos los repiten, los jóvenes los aprenden, y cada refrán condensa la experiencia acumulada para proyectarla hacia el futuro.

El refranero cubano es un verdadero ajiaco, como lo definió Don Fernando Ortiz: una mezcla de raíces españolas y africanas, de yorubas y congos, de hombres de cemento y tierra. Demuestra que 'Un solo palo no hace monte'. Su riqueza está en la contradicción de ser anónimos y referirse a todo o casi todo, y además ofrecen, desde diversos ángulos, posibles soluciones a conflictos o formas de entendimiento. Por eso pertenecen a todos por igual.

Algunos se vinculan con la religión: 'Al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga', 'El que tiene padrino se bautiza'. Otros, aunque parecen religiosos, apuntan más a la conducta humana: 'De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno'. Todos se transmiten de boca en boca, de asombro en asombro.

El refranero cubano, muy similar al universal, abarca todos los temas de la vida: el amor, la política, la ciencia, la naturaleza y la ironía. Son consejos antiguos y verdades incómodas, aunque útiles para orientarnos. Sobre todo porque como repetía mi abuela Cusa: 'La palabra es plata, pero el silencio es oro'.

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