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May, 2026.- La mariposa blanca fue declarada flor nacional de Cuba en 1936. Desde entonces, su tierna y sencilla presencia se reconoció como emblema de identidad. Es un símbolo de la patria que desborda elegancia y cubanía.

Desde niña me cautivó la blancura de sus pétalos. Aunque en casa no había ninguna, al visitar a mis abuelos tenía la fortuna de encontrármelas y quedaba embelesada. Me preguntaba entonces: ¿por qué esa y no otra fue elegida como flor nacional?

Eso lo descubrí años después, en un periódico que relataba cómo en Argentina se organizó un concurso internacional invitando a los países del continente a presentar su flor representativa. Los cubanos escogimos la mariposa blanca, a pesar de su origen asiático, por el fuerte vínculo que guardaba con las luchas independentistas y la vida de las mambisas. Así, lo que en otras naciones la consideradan especie invasora, en la isla antillana se transformó en estandarte de nacionalidad.

Cuenta la historia que en los caminos de la Sierra Maestra apareció una mujer que pronto sería llamada “la flor más auténtica de la Revolución”. Celia Sánchez, con su andar firme y su espíritu incansable, se convirtió en organizadora, combatiente y guardiana de la memoria histórica. Su presencia demostraba que la ternura podía ser también un arma, y no pocas veces se le comparó con esta flor.

Más allá de su belleza, la mariposa blanca posee propiedades medicinales, es delicada y olorosa. Nos basta con mirar una para sentir que entre sus pétalos late, con demasiada fuerza, la esencia misma de la nación.

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