Abr, 2026.- Nacido en Camagüey pero criado desde pequeño en Tarafa, Nuevitas, Noel Allen Larraque se convirtió en un verdadero hijo de la ciudad marinera. Actualmente escritor políglota, traductor, inspector y activista jurídico, su vida está marcada por la entrega constante a la Revolución cubana, como un caballo de guerra que nunca detiene su galopar.
Su padre, Arturo Gálvez Allen Cuningham, obrero ferroviario; y su madre, Marcela Larraque Gallimore, dependiente de comercio, fueron los primeros arquitectos de su carácter: le enseñaron que la disciplina es indispensable para lograr los proyectos y que el amor a la patria es un acto sublime.
A los 14 años, cuando otros apenas descubren los primeros encantos de la adolescencia, él ya levantaba muros en la Columna Juvenil de la Construcción. Poco después, el tatami del judo lo vio competir, pero su verdadera lucha estaba en las aulas, donde se convirtió en maestro.
En 1973, bajo el sol invencible de la historia, juró ante Fidel Castro formar parte del Ejército Juvenil del Trabajo. Su primera misión fue participar en la construcción del Parque Zoológico Nacional, y más tarde, Celia Sánchez lo eligió para reparar las Casas de Protocolo del Laguito. Ese gesto le dio la certeza que tenía la estatura de un líder.
La Aduana de Nuevitas lo acogió en 1975, y allí, entre documentos y responsabilidades, comprendió que el rigor también podía ser una forma de entrega incondicional y eso lo llevó a ser jefe de pista en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.
Ya en 1979, en la República Democrática Alemana, tendría la oportunidad de convertirse en estudiante de la Escuela Superior de Aduanas. Allí, además de aprender, compartió su solidaridad con jóvenes nicaragüenses hospitalizados en Berlín, demostrando que la sensibilidad cubana no conoce fronteras.
En 1980, en la ciudad de Bayamo, ubicada en la provincia de Granma, Noel contrajo matrimonio con Ana Cristina Tablada quien le ha ofrecido un apoyo incondicional para cumplir cada meta que se traza en la vida.
Reconocido como miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, ostenta sellos y medallas que son huellas visibles de su compromiso social. Pero hay otra faceta, más íntima: la literaria, que ha desarrollado con tesón y honestidad desde los días activos del legendario taller Rolando Escardó de Nuevitas.
Noel Allen Larraque es, también, un políglota consumado, domina cinco idiomas -inglés, ruso, alemán, francés y kreyol- y siente como si cada lengua fuera una llave para abrir nuevas puertas al conocimiento.
Su sencillez, sin embargo, lo llevó a ser albañil voluntario en obras sociales de Nuevitas. Y su raíz haitiana lo vinculó, desde 1997 a la Asociación Caribeña de La Habana, donde organizó grupos de residentes haitianos en Camagüey.
Su vida es un pilar de entrega, disciplina y vocación internacionalista. Noel Allen Larraque, hijo con pleno derecho de Nuevitas, representa y encarna la pasión genuina de vivir enamorado de la patria, como quien abraza un fuego que nunca se extingue.





