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Abr, 2026.- Percibir una sonrisa en el rostro de Liset Ramos Miranda es el mayor regalo para su familia.

"Aunque no habla lo entiende todo, cuando mi mamá o yo, que somos quienes convivimos con ella, vamos a salir de la casa debemos explicárselo con anticipación y si nos demoramos se desespera.

Nuestra vida gira a su alrededor, de cuidarla y que tenga lo que necesita", confiesa Lisbet Miranda Pino, madre de la joven diagnosticada con trastorno del espectro autista (TEA).

"Liset es adicta a las tecnologías y pantallas, le gusta mucho escuchar música y jugar con agua, por eso en la escuela regaba las plantas y le encanta el mar.

Por otra parte, una de sus mayores distracciones es visitar el parque infantil situado en la plaza 26 de Julio".

Cada persona en el espectro autista vive su realidad de una manera única.

"Cuando se concentra en una actividad se aísla del resto del mundo y se olvida de cosas que debe hacer, por eso hay que estar pendientes de cada detalle", considera Miranda Pino.

El cerco de Estados Unidos a Cuba, que influye en la compleja situación energética actual, atenta contra la estabilidad de Ramos Miranda.

"Ellos son muy esquemáticos y en muchas ocasiones resulta difícil anticiparle el horario en que se dispondrá del servicio eléctrico para especificárselo y lo asimile mejor".

Liset tiene la fortuna del cuidado y amor que le profesan sus seres queridos.

"Su mayor interacción es con mi mamá y conmigo -porque convive con nosotras-, un poco con su papá que la visita y la auxiliar pedagógica Yurima Mijares Torres que se mantiene visitándola.

El desarrollo de Liset Ramos Miranda es una muestra de que el autismo no es un obstáculo, sino una forma única de experimentar la vida y ver el mundo con ojos diferentes.

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