Abr, 2026.- El confinamiento que supuso la pandemia de la COVID-19 devino una etapa difícil en la vida de la niña con diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA) Liset Ramos Miranda y su familia.
"Fue muy difícil porque no se debía salir de la casa aunque con poca frecuencia usando nasobuco dábamos un pequeño paseo evitando las aglomeraciones de personas y el contagio de la enfermedad".
Tras terminar la pandemia, que implicó un cambio en las rutinas diarias de la niña, todo resultó más difícil.
"Hizo un retroceso porque el aislamiento no le permitió el contacto social que poseía en la escuela, aunque en ocasiones fueron maestros a la casa ella solo prestaba periodos de atención de unos 10 minutos", comentó su mamá Lisbet Miranda Pino.
Ella no tiene percepción del riesgo y no retiene en su mente los peligros que existen en instantes como cruzar las calles y permanecer en la cocina.
"Siempre hay que estar al tanto de Liset porque se traza un objetivo y al momento de cumplirlo no se cerciora de evitar peligros como si viene un carro o puede tropezar", agregó.
A partir del 2023 se le sumó una epilepsia que requiere de mayor atención a Ramos Miranda.
"No colabora para entrar a los hospitales y repetirle las pruebas, de hecho no quiere salir de la casa, y por llamadas telefónicas con el neurólogo y la terapeuta infantil recibimos las recomendaciones. Es un peligro más porque no sabe avisar cuando le va a dar la convulsión y por eso no quiere salir de la casa".
Lo más importante es que Liset recibe a diario atención y amor incondicional de su familia.





