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Abr, 2026.- El diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA) no le impidió a Liset Ramos Miranda acceder a la educación, derecho respaldado en el Artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y 28 y 29 de la Convención sobre los Derechos del Niño.

"Inicialmente asistió al salón del círculo infantil donde avanzó en su interacción social y accedía cuando otros pequeñines la buscaban para jugar. Luego pasó para la escuela especial Tania La Guerrillera", comentó su mamá Lisbet Miranda Pino.

Por segunda ocasión Lisbet y Liset tuvieron la oportunidad de regresar por un mes a la escuela Dora Alonso, en La Habana, y con ellas fueron también la directora y una educadora de Tania la Guerrillera para adquirir experiencias porque era la primera vez que contaban en la institución nuevitera con una estudiante con el diagnóstico de TEA.

"Allá cambian a los niños de lugar y ella asistió a terapias de jugar con pintura en la Academia San Alejandro y hacer equinoterapia, logró moverse con el grupo y permanecer en el aula.

De igual modo hacían actividades como la ronda -para que se tomaran de las manos y aumentara la interacción social entre ellos".

Al regresar al municipio de Nuevitas las educadoras replicaron las técnicas de estimulación en el aula incluyendo a todos sus compañeros.

"Ellos son sensibles para interactuar con personas que no conocen y pueden mostrar rechazo si se le acercan mucho. Para tocarla hay que extenderle la mano y esperar si ella establece el contacto.

En la escuela mejoró en esos aspectos porque algunos niños la podían tocar y a veces se dejaba peinar -con limitaciones. Aunque no establece conversaciones porque es ecolalica la maestra logró que algunas veces cantara y bailara (balanceo) en matutinos, porque es muy sensible a la música", agregó Miranda Pino.

En tanto especificó: "Nunca admiten los cambios bruscos, las aulas deben permanecer de la misma forma, de ser posible la misma aula, por lo que de ser posible hay que avisarles con antelación".

Ramos Miranda asistió a la escuela hasta alrededor del año 2019.

"Un día ya no quiso ir más y no nos permitió sacar ni la mochila, ni los zapatos. Tampoco aceptaba salir de la casa y tomar el camino al centro".

Así, por decisión propia, concluyó para Liset la etapa estudiantil.

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