Mar, 2026.- El acceso al agua apta para el consumo humano ha marcado profundamente la historia de Nuevitas, desde sus orígenes coloniales hasta la actualidad.
Cuando se fundó la antigua villa de Santa María del Puerto del Príncipe en Punta del Guincho, el único suministro provenía del modesto manantial conocido como El Chorro de Pinto o El Chorrito. Su caudal apenas alcanzaba para los pocos colonos españoles, lo que motivó el traslado hacia Caonao, donde el río ofrecía abundancia para el ganado y la agricultura. Sin embargo, aquella prosperidad fue breve: los siboneyes atacaron la villa en respuesta al régimen de explotación impuesto.
Ya en el siglo XIX el abastecimiento local dependía de pozos y, sobre todo, de aljibes. Estos depósitos subterráneos de mampostería recolectaban agua de lluvia mediante canales y tubos de hojalata. Al principio se construyeron en edificios públicos, pero pronto prácticamente cada vivienda contó con su propio aljibe, solución imprescindible ante la contaminación salina de los pozos por la cercanía al mar.
En 1930 ocurrió un hecho que transformó la vida de los nueviteros: la llegada del sacerdote Amaro Rodríguez Sanromán. Al enfrentarse a la escasez de agua potable y a la falta de hospitales, escuelas y carreteras comprendió la urgencia de impulsar obras de infraestructura social. Entre ellas, el acueducto se convirtió en su prioridad y este líder religioso gestionó personalmente su construcción ante las autoridades, llegando incluso a entrevistarse años después con el presidente Fulgencio Batista.
No fue tarea sencilla. Mientras la carretera Nuevitas-Camagüey se construyó con relativa rapidez, el acueducto tardó más en concretarse. Sin embargo, gracias a su perseverancia, finalmente se concluyó la obra, considerada una de las más esperadas y trascendentales por la población local.
Hoy, Nuevitas se abastece principalmente de la presa Cubano-Búlgara, complementada por otras como La Mañana de Santa Ana y La Atalaya. La estación de bombeo de Saramaguacán, ubicada en el norte de Camagüey, desempeña un papel esencial al transportar agua dulce desde el río homónimo hasta la bahía. No obstante, pese a las mejoras recientes, persisten desafíos técnicos y humanos, además de la contaminación provocada por los desechos arrastrados por las lluvias.
La historia del agua en Nuevitas es también la de su gente: de su fe, de su resistencia y de su capacidad de transformar la adversidad en progreso. Más allá de lo práctico, el agua es vida y unión, un legado que enlaza pasado y presente, y que asegura que cada gota sea esperanza compartida.





