Mar, 2026.- Hablar del Quijote en Cuba nos enfrenta a un espejo que devuelve preguntas urgentes sobre quiénes somos y hacia dónde vamos.
El caballero de la triste figura, que se lanzó apasionadamente al mundo convencido de que la justicia debía ser defendida a cualquier costo, sigue siendo un símbolo que nos recuerda la importancia de la imaginación y la lectura en tiempos de crisis.
En un país donde el acceso a la información y la educación continua siendo un baluarte, releer a Cervantes es reafirmar que la cultura es resistencia. No es casual que el primer libro publicado por la Imprenta Nacional tras el triunfo revolucionario fuera precisamente El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Cuba enfrenta variadas tensiones económicas, una migración creciente y la necesidad de sostener su identidad cultural en medio de la globalización.
Martí, a quien muchos consideran el más quijotesco de los héroes nacionales, nos enseñó que el idealismo no es ingenuidad, sino una extraordinaria fuerza moral para enfrentar las más duras adversidades. Si Martí encarnó ese idealismo, Jorge Mañach nos recordó que el quijotismo debía traducirse en soluciones concretas y en la defensa de la dignidad nacional.
El Quijote del Ballet Nacional de Cuba, las esculturas alegóricas en La Habana y las ilustraciones tropicalizadas de Juan Moreira son recordatorios de que este personaje forma parte de la identidad cubana. Y en un contexto donde la juventud busca nuevos horizontes el mensaje cervantino de perseverar en los ideales, aunque parezcan imposibles, cobra sentido.
Ese mismo espíritu se refleja en los nueviteros, quienes, en medio de la crisis energética y económica, han respondido con unidad y creatividad, impulsando proyectos culturales como: Aires de Bahía, Clara Narración y la Peña de Arte y Literatura Manuel Maure Parry.
Estos son prueba patente de que el legado cervantino sigue vivo y los molinos de hoy, que lo mismo pudieran ser: la escasez, las dificultades o la incertidumbre, pueden ser enfrentados con la misma pasión y entrega que Cervantes legó a su caballero. Y quizás, en esa perseverancia dulce, encontremos la fuerza necesaria para seguir soñando juntos y transformar la realidad en un espacio más justo y hermoso para todos.





