Mar, 2026.- El mundo hoy está patas arriba, guerras, muertes, dolor, y una verdad que atraganta, un SOS que sacude latitudes, creencias, ideales, y al que hacemos oídos sordos como raza.
El clamor es uno. STOP!, PÁRA!, HALT! No importan los dialectos, la idea flota clara en medio de un planeta que se desvanece en su propia codicia; las balas matan, el mundo muere, mañana podría ser demasiado tarde.
Los titulares internacionales rebosan crueldad inhumana, niñas asesinadas en las escuelas, hoteles bombardeados, presidentes secuestrados en la cama. ¿Acaso nadie está a salvo en su propia casa?
¿Y todo por qué? ¿Por un pedazo más de tierra o petróleo, por que se acepte a algunos como superiores? La inteligencia humana es tan fascinante que ya incluso hemos adivinado o fantaseado con qué sucederá con la Tierra cuando esas ansias de poder no den más frutos:
Un planeta muerto, vidas cegadas por la incapacidad de respirar incluso, y la posibilidad de volver a empezar desde cero en otro mundo, aplastada por los mismos errores.
La súper taquillera película de ciencia ficción Avatar, de James Cameron, es muestra clara de qué podría pasarnos. Las segundas oportunidades son escasas, ¿por qué desecharlas con más destrucción y saqueo de las riquezas naturales?
La paradoja de la vida resulta cruel: el ser humano es el animal más inteligente por su capacidad de razonar, pero es el único que choca dos veces con la misma piedra. Tal parece que, aunque el modo supervivencia se active, igual nos empeñamos en correr hacia el abismo.
Y no vale cerrar los ojos al terror, desentendernos de la realidad en el Medio Oriente o dejar de reclamar justicia porque pensemos que nadie escucha. Hay que juntar voces, manos, empeños, cual efecto mariposa que sacuda al mundo, que marque la diferencia.
Acabo de volver a ver la película estadounidense Cadena de Favores (Pay It forward), en la que un niño de once años se propone cambiar el mundo a partir de ayudar a tres personas diferentes, y que estas a su vez ayuden a tres más, y así sucesivamente, de forma desinteresada, sin esperar nada a cambio, hacerlo solo por el hecho humano de hacer el bien. ¡Qué lindo sería el mundo si pusiéramos en práctica dicha utopía! Dar en lugar de quitar, amar y no odiar, cantar en vez de luchar. Por eso cantemos juntos:
We are the world
We are the children
We are the ones who make a brighter day, so let's start giving
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true we'll make a better day, just you and me.
Llegó el momento de atender el llamado, de unirnos como uno solo y echarle una mano a la vida. No sigamos fingiendo y hagamos el cambio hoy nosotros. Ya sabemos cuál es el mayor regalo de la vida, amor es todo lo que necesitamos.





