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Nuevitas, Camagüey, 7 feb.- En el año 2011, como quien enciende una antorcha en medio de la niebla, nació la iniciativa Aires, impulsada por el gestor cultural Arnol Romero Simón. 

En su primera etapa reunió a 164 niños que, entre acordes, pasos de danza y voces teatrales, dieron vida a un espacio pionero de integración artística en el municipio; aunque la salud obligó a su fundador a detener el camino la semilla quedó latiendo con vitalidad en la memoria colectiva.

En el 2015 la brisa volvió a soplar con nombre renovado: Aires de Bahía. La designación evocaba la frescura del mar, ese torbellino de autenticidad que emergía con cada actuación juvenil en la bahía de Nuevitas. Desde entonces el proyecto se convirtió en un valiente oleaje sociocultural que no conoce fronteras.

Su sede, el Centro de Gestión Cultural Puerto Príncipe, enclavado en el centro histórico de la ciudad, se transformó en epicentro de la vida cultural lugareña. Allí, desde escenarios improvisados en escuelas, círculos infantiles, instituciones y barrios, la comunidad entera se sumó con entusiasmo, como si cada vecino fuese un protagonista más.

La danza, la música y el teatro se hicieron lenguajes de integración para niños con necesidades educativas especiales, quienes hallaron en este espacio un refugio donde la diferencia se convertía en riqueza. 

Los parques, las playas y las escuelas se transformaron en escenarios abiertos, y el legendario parque Salvador Cisneros Betancourt vibró al ritmo de coreografías que no eran simples espectáculos, sino auténticas declaraciones de amor y convivencia.

El alcance del proyecto pronto trascendió los talleres. Barrios como Cantarrana, Santa Rita, San Agustín, Los Filtros y El Corojal se sumaron a la fiesta cultural, y hasta la Zona Industrial próxima al centro histórico se impregnó de la magia de esta programación.

Este esfuerzo colectivo se tradujo en múltiples premios y distinciones: galardones en festivales de danza, reconocimientos de instituciones nacionales y locales, y la categoría de Referencia Nacional otorgada en 2017. Cada premio fue un aplauso compartido, un latido que confirmaba que el arte puede trascender el escenario para instalarse en la vida cotidiana.

Hoy, quince años después, Aires de Bahía recuerda que mientras existan niños soñadores, familias que los acompañen y comunidades que se unan la esperanza tendrá siempre un sitio garantizado. 

Y ciertamente seguirá vistiendo su elegante traje verde, símbolo de vida, de futuro y de esa Cuba que inspira cultura como soplo de aire puro.

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