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Ene, 2026.- En la vida existen momentos desgarradores que ponen a prueba la fortaleza de los seres humanos, y cuando se trata de la supervivencia de los hijos no hay más opción que sobreponerse a los temores.

-"Mamá, acompáñeme, vamos a llevar a la niña para la sala de pacientes graves. La punción lumbar dio positiva, la bebé tiene meningo bacteriana. Aquí vamos a prepararla y luego trasladarla para la terapia intensiva", informó la doctora sin rodeos.

El corazón de la madre estaba desecho, aceleraron sus latidos, se preguntaba a sí misma por qué estaba viviendo esa pesadilla. Miró a su pequeña tan indefensa e inocente, y recobró fuerzas al recordar que, tan solo días atrás había superado con mucha valentía otra batalla por la vida, aunque menos compleja.

-¿Usted cree que mi niña se ponga bien?", preguntó la progenitora con un nudo en la garganta.

-"Los medicamentos para el tratamiento están completos, todo depende de cómo ella lo asimile", respondió la galena.

El miedo estaba allí, pero el saberse transmisora de emociones a través de la lactancia materna le gritaban muy alto que mantuviera la calma, no llorara, permaneciera fuerte, y que con el tiempo todo eso sería otra meta vencida.

De igual modo tuvo que crecerse para intentar proporcionar un poco de serenidad a su esposo y padre de la niña, quien evidentemente tampoco aceptaba la amarga experiencia.

Al pasar a la Terapia intensiva la explicación del equipo médico que las recibió coincidió con la doctora del Cuerpo de guardia, y aunque solo ellas podían permanecer juntas, aunque recibían el apoyo de muchas personas que estaban pendientes y reinventándose para acompañarlas desde la distancia.

Durante varios días, en los partes el reporte de la paciente fue de "grave", por la corta edad y el padecimiento, sin embargo resultaba alentador para la madre y los médicos verla cada día con buen estado neurológico, apetito y en incontables ocasiones con una sonrisa dibujada en el rostro.

El efecto de los medicamentos -en su mayoría de nueva generación-, la sabiduría y el cuidado de los profesionales que atendieron a la paciente y la alimentación con lactancia materna exclusiva se unieron a las ganas de vivir de la bebé y, efectivamente, todo salió bien.

Hoy la familia está feliz al ver cómo crece y se desarrolla la pequeña y, a la vez, siente un agradecimiento infinito por quienes aportaron su granito de arena para su recuperación y pronto regreso a la casa.

Cada 29 de noviembre se celebra el Día del Intensivista Pediátrico en Cuba, sin embargo, cualquier fecha es oportuna para reconocer a esos héroes que con amor, entrega y abnegación salvan y protegen a infantes.

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