Feb, 2026.- Se les ven siempre juntos, sonrientes, en sus ojos se dibujan la complicidad de dos recién enamorados.
Durante un largo viaje, en el que no alcanzaron asientos, el brazo de él la sostenía por la cintura con fuerza, muchos pudieron considerarlo una demostración de amor o de que la mujer de ojos azules era su compañera.
De pronto, en el ómnibus repleto de personas, la abrazó muy fuerte, pero esta vez, en cuestiones de minutos, resultó evidente que, más que vanidad o machismo, la protegía con puños y dientes para evitar se cayera o diera un golpe.
La muchacha estaba rígida pero mantenía un movimiento sostenido, las preocupaciones de la vida cotidiana le jugaron una mala pasada y sufrió un ataque de epilepsia aunque había tomado bien temprano la medicación.
En un gesto de bondad le ofrecieron asiento, ella estaba vulnerable, él le dedicó toda su atención hasta que poco a poco cobró el conocimiento y se recuperó.
En ese periodo en el que no hubo sonrisas en sus rostros la muchacha dejó escapar una lágrima, él la acarició para hacerle saber que lo importante era que estuviera bien, y no debía sentir vergüenza por lo sucedido.
De esta forma quedó demostrado que existen disímiles formas de expresar cuánto nos importa la persona que tenemos al lado, y la experiencia de estos apasionados fue, sin dudas, una gran demostración de amor.





