Ene, 2026.- Cada mañana llega el obstetra a la sala F del hospital materno Ana Betancourt, de la ciudad de Camagüey, y regala el esperado saludo:
"Buenos días, ¿cómo están? Las pacientes acuéstense para el examen físico. Las suegras deben salir del cubículo".
Frase que acompaña la de una contradictoria aclaración: "dicen que las suegras son malas pero yo quiero a la mía".
De este modo, el profe, como también lo llaman, inicia el pase de visita mediante el cual ofrece lo mejor de sí a gestantes y puérperas, mientras comparte con los internos y estudiantes de Medicina saberes acerca de cada paciente, los diagnósticos, y conductas a seguir antes y después de recibir el alta de la institución de Salud.
Una y otra vez recorre el largo pasillo, cama por cama, para que no quede pendiente algún complementario, proceder médico, y/o la aclaración de dudas a los pacientes y acompañantes.
Sin faltarle el respeto a nadie, con la ética de buen profesional, regala frases con matices jocosos que arrebatan sonrisas, incluso, a quienes sienten malestar, preocupación, o el no estar en su hogar le causa incomodidad.
Fuera del Ana Betancourt, el doctor es un cubano más que se enfrenta al sostén y cuidado de la familia y, al terminar la jornada laboral es cuando intenta resolver las situaciones personales.
De igual modo comparte la preocupación de que por los extensos apagones se corrompan los alimentos que almacena para proporcionar bienestar a los suyos, tiene problemas de salud, y lidia con los altos precios que dificultan la adquisición de elementos necesarios para la vida cotidiana.
¡Y qué decir del dolor profundo que oprime su pecho por el anhelo de reencontrarse con uno de sus hijos que reside en otra latitud!
Aun así, el buen trato distingue al galeno, un ejemplo a seguir y una inspiración para quienes, como yo, tenemos la dicha de conocerlo.





