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Sep, 2025.- No hay placer que pueda sustituir la sensación de vida al ver germinar las semillas, la satisfacción de recoger la cosecha,  o la tristeza cuando una plaga afecta los cultivos, esas son las emociones que llevan los campesinos cubanos.

Levantarse con el cantar de los gallos y el trino insistente de los pájaros del monte mientras amanece, y tomar la leche que se ordeña en casa son los privilegios de este sector que constituye uno de los pilares de la economía cubana.

¡Que belleza la de los campos sembrados! y, ¡que placer ver cómo crece en eso que ayer solo era tierra un mar de colores!



Las manos callosas y la piel curtida por el sol no constituyen desmotivaciones para estos hombres y mujeres, sino la garantía de un premio que se obtiene con el sacrificio y sudor de sus propias manos.

Pero no siempre los agricultores disfrutaron de tal tranquilidad, antes de 1959 eran despojados de sus bohíos, echados al camino real cuando se les antojaba a algún terrateniente o latifundista, y es que no eran dueños de sus tierras ni del fruto de su trabajo, y entonces llegó la revolución y transformó el campo cubano, la primera Ley de Reforma Agraria firmada en La Plata -Sierra Maestra- por Fidel, revindico a Niceto Pérez y Sabino Pupo, campesinos asesinados durante la república Neocolonial por no aceptar las presiones de las compañías norteamericanas que solo querían explotar los suelos.


La sangre derramada por estos campesinos se convirtió en un símbolo de rebeldía y de apoyo incondicional a la revolución, muestra del sacrificio de quienes cultivan la tierra y de sus ideales.

 

La historia patria demuestra que  Revolución y campesino siempre han ido de la mano, por ello en estos tiempos de transformaciones para la isla ese sector valida su compromiso con la producción de alimentos, una de las prioridades del país.

Entrega, sudor, tierra, vida son palabras que hacen alusión a la esencia trabajadora de quienes día a día y de sol a sol, cultivan la tierra.

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