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Equipo radial, de izquierda a derecha: Lucas Cortada, Varona, Jacinto González, de izquierda a derecha: Esterbina Soto, Serafina de Quesada, Nelida Padrón, Nancy Fernández y Regina Vergara.Jul, 2025.- Un periodista que hizo mucho por resaltar el desarrollo de Nuevitas y su emisora municipal fue el entrañable Lucas Cortada Fuentes, formador de nuevos reporteros en la segunda mitad de la 'década del 70', del pasado siglo, por lo que, les proponemos el testimonio de él corresponsal de guerra, recogido y guardado celosamente por el periodista y escritor Lázaro David Najarro Pujol.

 

Vietnam: el enfrentamiento de los hombres contra las máquinas de muerte

«Las superfortalezas volantes octamotores B-52 arrojaron sobre la población civil y zonas urbanas densamente habitadas, escuelas, círculos infantiles y hospitales, bombas de fósforo blanco napalm, gases venenosos, sustancias químicas (agente naranja), juguetes infantiles, frutas y minas de tela que estallaban al menor contacto. Un verdadero genocidio». 

Lucas Daniel Cortada Fuentes regresó a Cuba con los honores de sus  riesgosas coberturas periodísticas de la guerra de Estados Unidos contra Vietnam.  También volvió con las profundas cicatrices  psicológicas de las penurias y horrores que lo marcaron para siempre. 

Me entregó un testimonio escrito de su puño y letra, original y sin copia. Con tinta roja, (el color de la sangre que vio derramar de civiles inocentes vietnamitas), me lo dedicó y puso en mis manos: «Lázaro D. Najarro. Entrega personal. Saludos Lucas». Fecha: 30 de abril de 2006. 

Me lo había encontrado en la Plaza Mayor General Ignacio Agramonte de Camagüey. Me saludó efusivamente. Vestía con orgullo el uniforme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En sus charreteras los grados de Mayor de la Reserva.

El testimonio debió venir acompañado de un archivo fotográfico del autor. Quedó en hacérmelo llegar posteriormente. 

«Aquí tienes —me dijo— ¡Vietnam: una lección ejemplarizante!».

Estaba escrita con tinta negra. 

Lo observé en silencio y le estreché las dos manos. Reviso otra nota en la que aparecía la dirección de su casa en Villa Siboney, en el reparto Montecarlos, Camagüey, al igual que su teléfono fijo. 

—No sé lo que es una guerra, pero soy consciente que es devastadora, sangrienta y cruel —le dije. 

Una breve síntesis biográfica y otra nota acompañaban el documento: «Lázaro Najarro (Personal)». 

Lucas Daniel distinguía por una trayectoria ejemplar y gloriosa. Me dejaba  nombres de personalidades vietnamitas y solidarias con la causa que tuvo el privilegio de entrevistar. La encabezaban el primer ministro Phan Van Dong,  el ministro de Defensa, Yo Nguyen Giap, y la actriz estadounidense Jane Fonda, entonces dirigente del Movimiento Antibelicista en Estados Unidos. 

Días después me llega la terrible noticia de que Lucas Daniel había fallecido. Un dolor inmenso  sentí en mí corazón. Guardé en una carpeta, como si fuera un tesoro,  los dos documentos.  El segundo tecleado en computadora con su firma y la siguiente posdata:  «Es copia fiel del original: A solicitud del Ejecutivo de la Delegación Provincial de la Unión de Periodistas de Cuba en Camagüey; se expide la presente, a los 19 días del mes de abril de 2004, Año del 45 Aniversario del Triunfo de la Revolución». 

Es un testimonio de denuncia por los crímenes de EE.UU. en Vietnam y alerta al imperio:  «Los jefes y oficiales norteamericanos cometieron diversos y graves errores en Vietnam, el más importante me atrevería a decir, subestimar a un pueblo de tradición combativa milenaria que, utilizando trampas y armas rústicas, se enfrentaron a las hordas mongolas, japonesas, chinos feudales y colonialistas franceses. 

*Siempre inferiores en números de hombres, municiones y  fusiles. 

*¿Cuántos  pilotos, soldados yankees sin almas y corazón terminaron dentro de las trampas o lanzas, afilados cuchillos y bayonetas apuntando a sus gargantas? 

Lucas Daniel Cortada Fuentes me dejaba sus apuntes para cuando partiera a la eternidad yo los hiciera públicos. Con dolor cumplo su deseo. 

Vivió horrores difíciles de asimilar por un ser humano noble. En la sede del gobierno municipal, luego de la proyección de un documental sobre las penurias de la guerra en Vietnam me expuso con ojos lacrimosos. 

 «Me quedé enmudecido cuando una madre vietnamita apretaba sobre su pecho el cuerpo putrefacto de su niña muerta. Ella estaba traumatizada. Movía con sus brazos de un lado a otro a su bebé como cantándole una canción de cuna. La mujer no podía aceptar  que su pequeñita estuviera muerta. Yo me desplomé. Esa escena me galopea desde entonces. 

 Estados Unidos experimentó en esa innecesaria contienda el revés de una vergonzosa y humillante derrota militar a manos de un pueblo campesino y atrasado (tecnológicamente), que se defendió como fiera en la selva, generalizando la guerra de todo el pueblo al llamado del Partido y su presidente, el legendario líder Ho Chi Ming». 

Al también corresponsal de Guerra en Angola  cargó en su alma la angustia de las víctimas de la crueldad de Estados Unidos y la firmeza de los vietnamitas. 

«Los infantes de marina, mercenarios a sueldo y asesinos de extrema peligrosidad, endrogados en la mayor parte de sus acciones, resultaron muertos o heridos por las flechas envenenadas y certeros disparos de fusiles AKM. Fueron expuestos a las enfermedades tropicales, malaria, fiebre amarilla, mordidas de serpientes, sed, altas temperaturas y emboscadas sorpresivas. 

Estas escenas simbolizaron para mí no solo el combate terriblemente desigual, sino también el encuentro de las armas sofisticadas y de última tecnología contra la moral y elevado patriotismo de un pueblo en contienda bélica. El enfrentamiento de los hombres contra las máquinas de muerte». 

Estados Unidos apeló a todo tipo de monstruosidad. 

«Esta absurda guerra no escapó a las operaciones de narcotraficantes norteamericanos, los que sin escrúpulos de ninguna índole introducían en  el tórax de los soldados muertos las bolsas de cocaína que rescataba el personal de los servicios fúnebres dentro de las bases aéreas militares». 

Lucas Daniel dejó de sonreír al ser testigo de las crueldades de la Guerra de Estados Unidos contra el noble pueblo vietnamita. 

«Los pilotos estadounidenses, Superman de papel y cartón, se lanzaban en paracaídas al Golfo de Tonkin sin recibir su avión impactos algunos de proyectiles antiaéreos. Una ruin y cobarde forma de salir de la guerra y sobre todo salvar el pellejo». 

No es ficción ni película de terror. Es la realidad que supera las escenas cinematográficas. Es el testimonio de un cubano testigo de lo que son capaces los grupos de poderes para dominar el mundo. Y por otro lado el heroísmo de un pueblo por mantener la independencia al costo de millones de sus mejores  hijos. 

«Las superfortalezas volantes octamotores B-52 arrojaron sobre la publicación civil y zonas urbanas densamente habitadas, escuelas, círculos infantiles y hospitales bombas de fósforo blanco napalm, gases venenosos, sustancias químicas (agente naranja), juguetes infantiles, frutas y minas de tela que estallaban al menor contacto. Un verdadero genocidio. 

Cada domingo los comandantes de los portaviones autorizaban a sus piratas a volar acompañados de personal femenino para enseñarles a disparar, como una sarcástica diversión: ametrallaban  a indefensas aldeas campesinas y zonas evacuadas donde, bajo los árboles, se protegía la población civil, fundamentalmente mujeres, niños, ancianos enfermos e impedidos físicos». 

¿Cuánto dolor llevó sobre su alma el corresponsal de guerra Lucas Daniel Cortada Fuentes, un hombre bondadoso, humilde y sencillo que nació en Nuevitas el 2 de octubre de 1942. 

«La falta de combatividad de las tropas norteamericanas en Vietnam las admitieron, en más de una entrevista televisada a todo el mundo, los generales Hawkings, Taylor, William Wesmorceland y otros fantasiosos e idealistas del Pentágono. 

Únicamente avanzaban en extrema lentitud apoyados por la luz del día a través de enormes trochas construidas con gigantesco bulldozer y el temor de ser sorprendidos por la guerrilla que los esperaba manifestando su clásica «paciencia asiática», camuflados en la vegetación o sumergidos en el agua.

 

Los generales y oficiales de Estados Unidos subestimaron al mil veces  heroico pueblo vietnamita y sus principales medios de transportes que no consumían combustibles. A pie, en bicicletas, carretas tiradas por búfalos o en samfan (canoa). 

Un triciclo puede transportar media tonelada de  alimentos u otras cargas militares a una distancia de 32 kilómetros de noche y el doble si logra avanzar de día». 

Lucas Daniel quería estar seguro de que su testimonio se entregara personalmente. Así fue que optó por ponerlo en mis manos. 

Es una historia desgarradora de su visión directa en la guerra en Vietnam. 

«Por indicaciones del presidente Ho Chi Ming ningún avión podría darse por derribado o incluido el total del día, al menos que sus restos fueran tocados con las manos. 

Prestando servicios en el puerto de Haiphong observé cuatro aviones alcanzados por el fuego antiaéreo, mientras que el quinto se precipitaba a tierra cerca del sitio donde me encontraba. 

El oficial vietnamita explicó a los corresponsales de guerra que no había sido posible tocar con las manos los cuatro aparatos que cayeron al mar. 

Nos miramos uno a los otros interrogándose con la vista, silencio que interrumpió el destacado combatiente: 

-Por hoy solo debemos informar el derribo de un avión Phanton sobre las instalaciones portuarias y sus restos serán depositados en el cementerio previsto. ¡Pueden retirarse! 

A la distancia de 31 años (abril de 2006) de la vergonzosa y humillante derrota militar en Vietnam, los jefes y oficiales norteamericanos continúan cometiendo los mismos errores por no aprender esta lección ejemplarizante». 

Más de 19 años han transcurrido para decidirme hacer público el desgarrador testimonio de Lucas Daniel Cortada Fuentes. El manuscrito siempre estuvo a mi vista. Por ese motivo hoy cumplo la promesa de poner ante el mundo la crueldad desmedida de quienes se autodenominan cínicamente paladines de la democracia, la libertad, los derechos humanos, cuando en realidad él imperialismo norteamericano es el verdadero "Eje del mal", autor del dolor de millones de familias en el mundo.

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