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Jul, 2025.- Con sus más de siete décadas Georgina San Pedro Pérez trabaja como contadora. No lo hace por vocación tardía, sino por necesidad. Su historia refleja una realidad que afecta a miles de adultos mayores en Cuba: la imposibilidad de retirarse con una pensión suficiente para sostenerse.

Según el Código de Trabajo vigente, la edad de jubilación se mantiene en 60 años para las mujeres y 65 para los hombres, conforme a la Ley 105 de Seguridad Social. Sin embargo, las dificultades económicas obligan a muchos jubilados a reincorporarse al mercado laboral, tanto en el sector estatal como en el emergente sector privado.

El envejecimiento poblacional en Cuba es un fenómeno ineludible. Más del 21 por ciento de la población supera la mediana edad y se estima que esta cifra seguirá aumentando en los próximos años. A esto se suma que aproximadamente uno de cada seis adultos mayores vive solo, lo que agrava la necesidad de ingresos adicionales para cubrir gastos básicos.

Puede verse a diario en las instituciones, en las empresas, en las calles; cada vez son más los que se reincorporan luego de la jubilación.

Como muchos otros, Georgina no trabaja por elección. Su caso ilustra la urgencia de revisar las políticas de seguridad social y generar alternativas que garanticen una vejez digna, sin depender de un empleo forzado.

Las manos de Georgina cuentan más que números: el desgaste de sus dedos muestra los años laborados que marcan su vida con esfuerzo. Entre balances y recibos continúa sumando días, porque en Cuba, el retiro no siempre es un punto final, sino un cálculo incierto en la ecuación de la vida.

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