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Mar, 2022.- Hay personas que sueñan con casas grandes, autos lujosos, viajar por el mundo. Quienes desean la paz mundial, la cura del cáncer, volver a ver a un ser querido. Otros, solo anhelan oír. Saber cómo suena la lluvia, el oleaje del mar, el canto de las aves o sencillamente percibir la voz de mamá y papá. Y es que la habilidad de escuchar es imprescindible en el proceso de comunicación humana, pues mediante ella se alcanza todo tipo de aprendizaje.

La hipoacusia (disminución de la agudeza auditiva) dificulta la adquisición del lenguaje y conduce a un deficiente desarrollo psicológico, educativo, social e intelectual del individuo que la padece; puede incluso llevar al aislamiento y la incomunicación, provocando limitaciones en la vida social y profesional. Por ello, la importancia de diagnosticar e instaurar tempranamente un tratamiento médico-quirúrgico-re­habilitador adecuado para este tipo de pacientes.

Con el objetivo de sustituir el órgano auditivo dañado por otro artificial que pueda realizar su función surgen los implantes cocleares (IC).

¿Qué es un implante coclear y cómo funciona?

La cóclea es la parte del oído interno que contiene las terminaciones del nervio que comunica el sonido al cerebro. Un implante coclear es un pequeño dispositivo electrónico que, una vez implantado quirúrgicamente debajo de la piel, estimula las terminaciones nerviosas de la cóclea para proporcionar la sensación de sonido a una persona totalmente sorda o con deficiencias auditivas severas.

A este tipo de pacientes no les funciona el oído interno. El implante coclear intenta reemplazar el funcionamiento del mismo, transformando el sonido en energía eléctrica. Esta se puede usar luego para estimular el nervio coclear (el nervio de la audición), enviando señales sonoras al cerebro.

Una sordera severa a total en ambos oídos le impide a la persona entender el habla y comunicarse en conversaciones cotidianas. Los IC pueden aumentar la capacidad auditiva y de comunicación de las personas que no se benefician lo suficiente de los audífonos tradicionales.

¿Importa la edad?

Según el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación (NIDCD, por sus siglas en inglés) para los menores de edad con sordera o deficiencias auditivas severas, el uso de un IC desde pequeños los expone a los sonidos necesarios para adquirir las destrezas del habla y el lenguaje.

Estudios de investigación han demostrado que cuando estos niños reciben el implante a una edad relativamente temprana (a los 18 meses, por ejemplo), seguido de terapia intensiva, tienden a escuchar y a hablar mejor que los que lo reciben a una edad posterior.

Pero los adultos y los niños más grandes que han sufrido una pérdida del oído de severa a total después de haber adquirido el habla, también pueden mejorar bastante con un implante, en parte porque su sordera es postlocutiva, es decir, porque ya habían aprendido a hablar.

En este caso, el paciente debe acostumbrarse al hecho de que lo que oye suena diferente y más ‘parecido a una máquina’ que cuando podía escuchar mejor. En cambio, alguien totalmente sordo de nacimiento se adaptará mejor al implante y a la manera en que procesa el sonido. Por el contrario, quienes son sordos de nacimiento y reciben los IC cuando son un poco mayores (a los 8 años de edad, por ejemplo) pueden no beneficiarse tanto.

Después de la cirugía...

La colocación del implante es solo el primer paso para lograr que el paciente escuche. Luego de la cirugía comienza un largo período de rehabilitación, al cabo de un mes se realiza el llamado “despertar”, donde el paciente percibe sonidos por primera vez.

A partir de ese momento, y cada cierto tiempo, comienzan a ponerse las programaciones del implante en la parte externa del equipo: el procesador del habla, que es una minicomputadora donde se sitúan hasta tres programas para que el paciente pueda ir a la rehabilitación.

Un equipo multidisciplinario integrado por otorrinos, logopedas y psicólogos ayudarán para que el niño “aprenda” a oír y procesar los sonidos utilizando el implante coclear. La recuperación dependerá en gran medida de la edad del menor, el tiempo de la pérdida auditiva y de su severidad. Influye considerablemente la motivación y colaboración tanto del infante como de sus padres.

Los IC en Cuba

El gobierno cubano, en su constante preocupación por propiciar una mejor calidad de vida a sus habitantes, implementó el IC en el sistema de salud a finales de la década de 1990, como resultado del desarrollo científico técnico y el trabajo de varias instituciones, entre las que sobresalen el Centro de Neurociencias de Cuba, el Centro Internacional de Salud La Pradera, los hospitales clínico-quirúrgicos Hermanos Ameijeiras, Calixto García, Cira García y los pediátricos Borras-Marfán y William Soler.

Actualmente se cuenta con un Programa Nacional de Implantes Cocleares que desde 2005 hasta la fecha posibilita la realización de más de 500 cirugías a pacientes hipoacúsicos de toda la isla. Nuevitas pertenece al Centro Regional de Implante Coclear, el cual abarca los territorios de Camagüey, Las Tunas y Ciego de Ávila.

Cada 25 de febrero Cuba celebra el Día Mundial del Implante Coclear, técnica que beneficia a más de 325 mil personas con sorderas profundas neurosensoriales bilaterales a nivel mundial. El país registra uno de los porcentajes de complicaciones más bajos del planeta, aun cuando la introducción de implantes avanzados y miniaturizados exige cirugías de altos estándares con procederes poco invasivos.

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En este municipio al nordeste camagüeyano los estudiantes con enfermedades auditivas ligeras o con IC están integrados a las escuelas de enseñanza general, por ejemplo en la secundaria básica América Latina, la primaria Aurelia Castillo y el círculo infantil Mi pequeño Iván.

En este Día Internacional de la Audición, declarado por la Organización Mundial de la Salud, se reconoce la importancia de la detección temprana de cualquier problema o deterioro auditivo, una forma de ayudar a quienes anhelan oír y aprendan a hacerlo de una manera especial.

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