Abr, 2024.- El amor es el único sentimiento que nos permite a todos llegar a la meta, en este caso a las metas de esas deportistas cubanas que logran los títulos más encumbrados en la carrera deportiva.
Por eso estas líneas van dedicadas a ellas, que alejadas de escenarios o podios comunes honran solo con el pensamiento fiel a las que todavía viven y disfrutan del deporte con la misma pasión y ternura que amamantan una criatura.
Sin enumeraciones vacías o caprichos del destino la deportista cubana tiene historias tan conmovedoras que a más de uno le estremece el corazón.
Preguntémosle a Mireya Luis, Ana Fidelia Quirot, Yoanka González, Legna Verdecia, María Caridad Colón, Driulis González, Leonor Borrel, por solo citar algunas que han sido joyas del deporte cubano y que en cada entrevista donde exponen sus medallas terminan hablando de amor.
La dosis de sacrificio y voluntad que regaló Ana Fidelia, la doble campeona mundial de 800 metros, tras un accidente casero en 1993, no se anidó solo en los libros, sino en la memoria de todos, de su pueblo.
Ella es el ejemplo de que el valor no queda solamente en las históricas doradas, ni en la fama universal que se ganara con sus piernas, está en cada sacrificio que realizamos las mujeres para obtener medallas, y no solo las de oro y plata, sino las que nos regala la vida a nivel personal, familiar y profesional.
A Driulis, una de las diosas del tatami, algo muy parecido llenó aún más de gloria sus avales de premios.
En Atlanta 1996 el oro olímpico de la judoca quedó en su cuello luego de una severa lesión cervical meses antes de los juegos, de las lecciones más vivas de tenacidad y amor de cómo llegar a lo más alto del podio mundial.
De seguro se han quedado muchísimas célebres deportistas cubanas por incluir en esta lista, más la intención era solo citar algunos ejemplos que han defendido dignamente la bandera cubana en certámenes deportivos a nivel internacional.
La huella de la mujer anda sobre todos nosotros y nadie puede dibujarla, solo sentirla. Para ellas va esta pequeña crónica, a esas mujeres deportistas, sueño y realidad de este pueblo.





