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Abr, 2024.- En diversos estudios se demuestra que la historia de la humanidad tuvo que transcurrir siglos para que la mujer, a nivel mundial, pudiera tener participación en actividades sociales, culturales y deportivas.

Aunque en la comunidad primitiva no era tan así, no había marcada diferencia entre hombres y mujeres, el fin común era sobrevivir.

Los deportes no eran reconocidos como tal, pero en la persecución de presas gigantes, que requería el esfuerzo de todos, no era requisito para cazar si había que pertenecer al sexo masculino o femenino.

Las desigualdades de sexo comenzaron en Grecia y Roma, donde se empieza a clasificar a los seres humanos por etnias y géneros, las actividades femeninas estaban asociadas a las danzas y los quehaceres domésticos.

En los juegos olímpicos, donde hoy en día es usual ver a las féminas convirtiéndose en joyas del deporte, en aquellos tiempos, las solteras eran las únicas que podían asistir y solo como espectadoras.

En la etapa medieval mucho menos tuvo la oportunidad, época colmada de oscurantismo y reforzada por la posterior etapa del Renacimiento.

En el siglo XX es cuando comienza a ser portavoz de sus derechos y reclamar la igualdad entre sexos, disputas que costaron vidas y esfuerzos.

En el caso de Cuba, como isla colonizada y repleta de los mismos valores y pensamientos que en Europa, la mujer recibió igual concepción que en el resto del mundo en ese período histórico.

No fue hasta después del triunfo revolucionario de 1959 cuando obtiene su emancipación.

Desde el 1ro de enero de 1959 es el factor determinante para el ansiado desarrollo deportivo del país, fecha que marca un antes y un después que evidencia una proyección acorde a las necesidades existentes.

Diversos son los programas deportivos y de cultura física desarrollados y que abarcan desde los infantes hasta el adulto mayor.

Los resultados obtenidos por las cubanas en los deportes son la muestra de que el camino trazado por el país era el correcto.

Con esta transformación social se eleva la esperanza de vida de la mujer a 80 años, baja la tasa de mortalidad infantil, se crean leyes que defienden, igual que a la madre y se pronuncian en contra de la discriminación de raza y género.

Estas, entre otras ventajas, sentaron las condiciones para que las cubanas se realicen en el deporte y la cultura física, terrenos que para ellas son fáciles de plantar bandera.

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