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Marzo, 2024.- Cuba recordó este 4 de marzo el aniversario 64 de la explosión del vapor francés La Coubre, uno de los sangrientos actos terroristas organizado desde Estados Unidos contra el país.

Ningún observador hubiese encontrado indicio de que aquella fecha y aquel lugar se insertarían en la historia, tanto por el nefasto crimen, con más de cien víctimas mortales y de cuatro centenares de heridos, como por introducir en la conciencia nacional la consigna principal de la Revolución que integra en ella los conceptos de libertad.

Originada en el sepelio de las víctimas -el 5 de marzo de 1960- se dio origen a lo que desde entonces ha sido la bandera de combate del pueblo cubano: ¡Patria o Muerte!

La intervención del líder de la Revolución cubana Fidel Castro, en la tribuna improvisada sobre la cama de una rastra -en la intersección de la Avenida 23 y 'calle 12' frente al cementerio Cristóbal Colón de la ciudad capitalina-, enarboló por primera vez la consigna que sigue expresando la voluntad del pueblo cubano de resistir en su lucha, expresión de dolor e indignación y, también, de denuncia a los autores principales.

El Comandante Ernesto Guevara, sin dudas, inmortalizó durante la denuncia su expresión de rechazo hacia el embajador de los Estados Unidos, la cual quedó capturada por el fotógrafo Alberto Korda, imagen que ha recorrido el mundo y es símbolo de libertad y autonomía en diversos países.

Con argumentos irrefutables, la posibilidad de un accidente por mala manipulación de la carga -como causa del siniestro- resultó totalmente descartada. Los responsables eran quienes se habían opuesto a que aquellas armas llegasen al país, los responsables eran los enemigos de la Revolución cubana.

Por eso, como dijo el Apóstol de la independencia nacional “Del semillero de las tumbas levántate impalpable, como los vahos del amanecer, la virtud inmortal, orea la tierra tímida, azota los rostros viles, empapa el aire, entra triunfante en los corazones de los vivos: la muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos, la muerte nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida: ¡así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria!”.

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