Jul, 2026.- La historia tiene sus mañas, hace 73 años poco más de un centenar de muchachos atacaban dos de las fortalezas militares de la República Neocolonial: los cuarteles Guillermón Mocada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.
Sin una preparación militar suficiente para enfrentar el poderío de la tiranía batistiana en Oriente los decididos jóvenes arremetieron contra aquellos símbolos del oprobio que vivía Cuba en 1953.
Entonces la Isla tenía el nombre de República desde inicios de siglo, poseía bandera y escudo propios, incluso un gobierno nacional, pero era esclava, dependía de los antojos del poderoso vecino del Norte.
Tal situación no había sido aprobada o determinada por la voluntad popular de la mayor de las Antillas, al contrario, durante décadas -desde 1868- los cubanos luchaban por la paz e independencia, la intromisión norteamericana en la guerra de los mambises y la imposición de la Enmienda Platt –un mecanismo de dominación bajo la apariencia de ayuda desinteresada a Cuba- impidieron la realización del sueño de los isleños: fundar la Patria libre.
Pero el deseo de generaciones, que revolvía la sangre ante las injusticias del tirano, no decayó. Fue así como en enero, cuando se cumplía el centenario de aquel que cultivaba rosas blancas, José Martí, renació la esperanza.
Era un puñado de jóvenes, algunos intelectuales o universitarios, otros obreros y humildes, todos cubanos, esos que sentían en carne propia el dolor de la nación, la humillación ante el saqueo material y moral de sus riquezas.
Agrupados en un movimiento que primero dio en llamarse Generación del Centenario, en homenaje al Apóstol de la independencia nacional y sus ideas, y que luego adoptó el nombre de la proeza que ellos mismos protagonizarían -Movimiento 26 de Julio (M-26-7)-, los muchachos liderados por Fidel Castro organizaron el asalto. Debía ser sorpresivo, relámpago y simultáneo, solo así podría garantizarse la victoria de 135 jóvenes inexpertos en el manejo de las armas contra un ejército que superaba el millar de soldados bien armados y entrenados.
El factor sorpresa falló y el asalto se vio comprometido, 61 vidas inocentes se perdieron aquel domingo sangriento del carnaval santiaguero y en los días que le siguieron, irónicamente solo seis murieron en combate, los demás cruelmente torturados y asesinados.
El revés resultó puramente táctico, Cuba lloró la pérdida de esos hijos tan queridos, pero renació el espíritu de lucha, despertó el pueblo y se inició la carrera final por la libertad. Como dijera el líder en su alegato de autodefensa, reconocido después como La Historia me Absolverá, el Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias.
Aquel cuarto domingo de julio se convirtió en una lección para el mundo, Cuba no sería ya más pisoteada por poder alguno, su gente tomó las armas y con ellas empuñó la decisión de ¡Morir o Vencer!
Hoy, cuando la tiranía ya es historia y niños y jóvenes no empuñan fusiles sino lápices, el pueblo de la Isla recuerda la fecha para no olvidar, para preservar la memoria viva y que aquellos 61 muchachos asesinados no hayan perdido sus vidas en vano.
Es por ello que quienes habitan en esta ciudad costera de Nuevitas caminan sin prisa, seguros, por las calles empinadas. Es por ese 26 de Julio -histórico para los cubanos- que los lugareños se empeñan en la implementación de proyectos de desarrollo local para contribuir así a la actualización del modelo económico.
En medio de la vorágine diaria, del ir y venir de los vacacionistas, bajo pleno sol de verano, los habitantes de esta ribera recuerdan la fecha que se convirtió en el Día de la Rebeldía Nacional.
El 26 de Julio es historia, los cubanos de hoy recuerdan la fecha con orgullo, muestra de la grandeza humana de quienes nacieron aquí, en un país bloqueado pero independiente, pequeño pero que se alza ante el mundo como una potencia biotecnológica y que ofrece su mano amiga a quienes lo necesitan.
Cuba es Santiago, es su cuartel Moncada, es libertad; y para este pueblo ya no habrá más opresión ni humillación porque para los hijos de la sangre derramada en las justas independentistas ¡Siempre es 26!





