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Abr, 2023.- Motivado por obtener la libertad e independencia de Cuba Pedro Isaac Díaz desafió la inexperiencia de la juventud y se inscribió en las páginas gloriosas de la Historia como uno de los héroes eternos de la Revolución, y protagonista de la gesta de Playa Girón, del 17 al 19 de abril de 1961, comandada por Fidel Castro.

“Vivía en El Chucho 41, central Miranda del Oriente del país, mi papá estaba en contra del ejército de Fulgencio Batista, por eso cuando nos enteramos de que estaba entrando una tropa mercenaria por Santa Clara le dije: 'papá, me voy, que dicen van a montar un ejército en la Sierra Maestra' y me respondió: 'mijo, cuídese'.

Y así lo hice, cuando llegamos a la Sierra había un campamento como de 15 combatientes y de ahí nos mandaron a Minas de Frío para entrenarnos”.

Que en la finca su progenitor tuviera armas de fuego, con las que Pedro cazaba guineas, le posibilitó que al indicarle tirar acertara sin problemas y le dieran una escopeta.

“Luego me enviaron para Matanzas y cuando Barbarroja (Manuel Piñeiro Lozada, ascendido por Fidel al grado de Comandante del Ejército Rebelde) fue a buscar 12 hombres, entre ellos me llevó y me incorporaron en el Tercer Frente Mario Muñoz Monroy, liderado por el Comandante Juan Almeida Bosque, junto a Fidel, y de ahí, a luchar contra el ejército de Batista.

Fuimos combatiendo hasta Palma Soriano donde estaban los batistianos presos, quedaba Santiago de Cuba y se rindieron, no hubo necesidad de pelear”, mientras significa “la columna de nosotros era la que respaldaba a Fidel de Santiago a La Habana y allí me ubicaron en Managua, al sur de La Habana’’.

El 21 enero de 1959 el Comandante Camilo Cienfuegos emitía el documento que disponía la creación de la Escuela de Cadetes, donde nos incorporamos para capacitarnos con urgencia.

Isaac Díaz tuvo, también, otra prueba de fuego y ante la interrogante necesaria con cierto orgullo afloran los recuerdos y las palabras: “yo manejaba un tractor en la finca de mi padre, por eso tenía ciertos conocimientos cuando muchos no atinaban en nada durante el entrenamiento, cuando yo fui y el jefe me indicó arrancar tras la maniobra me preguntó: '¿cómo usted sabe todo eso? 'Yo le contesté ¡Aprendí!'.

Él se dio la vuelta al segundo grupo y le dijo al jefe: 'oiga, el rubio ese que está allá se las sabe todas en el tanque', me hicieron chofer ¡y de ahí para Girón!”.

Un día, transcurría el cuarto mes de 1961, el director de la escuela, el ya capitán José Ramón Fernández Álvarez, recibe la orden del Jefe de la Revolución de partir hacia la Ciénaga de Zapata, zona por donde se estaba produciendo un desembarco enemigo.

Relata que Fidel dividió el grupo y lo ubicó en Playa Larga y por Playa Girón donde “nos fajamos con los mercenarios hasta que por fin los dominamos.

Un grupo se iba en un barquito y Fidel con solo un cañonazo lo hundió, y todos se tiraron para el agua y los cogimos presos, que fue cuando Fidel los cambió por medicinas”.

Posteriormente la tropa salió de Girón y llegó a Matanzas con sus tanques y como vencedores.

“Me fui para Santiago de Cuba para la casa de mi familia y cuando llegó la orden de Raúl Castro me llamaron para continuar estudios y me licencié del ejército, como tanquista que, en fin de cuenta, es la tropa de Fidel Castro”.

Pedro Isaac Díaz es el único combatiente residente en Nuevitas que aún puede contar desde su experiencia cómo contribuyó hace 62 años al triunfo cubano en la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América Latina, y sus más de ocho décadas de existencia, aunque son la causa de que la salud y apariencia hayan cambiado desde que se alzó en la Sierra, no impiden su disposición a servir a la Patria, como él reafirma: “Si fuera necesario lo haría todo de nuevo”.

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