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Ago, 2022.- Solos, tratados como objetos inservibles, desechables, viviendo en la tristeza sus últimos días, así es el panorama que viven a diario no pocas personas de la tercera edad. Y es que, a medida que pasan los años y se pierden facultades y habilidades que obligan a los abuelos a depender de otros, estos muchas veces son percibidos como una carga para las familias y suele ser común el maltrato.

Esta realidad se convierte en una problemática social si analizamos que alrededor del 20 por ciento de la población nuevitera supera los 60 años, es decir, casi 12 mil personas, una cifra nada desdeñable.

Claro que no es la generalidad, pero a veces no hacen falta los gritos ni los golpes para que ellos se sientan maltratados, pues el abuso a la vejez no implica solo la agresión física, sino también el olvido y el desmerecimiento de que son objeto esas personas.

Precisamente las estadísticas internacionales advierten que el principal tipo de violencia hacia ellas es el maltrato psicológico, y los victimarios, tristemente, resultan ser casi siempre los propios hijos y familiares cercanos.

Las agresiones más frecuentes son los insultos, la humillación y la desvalorización, lo que incide negativamente en la calidad de vida de quienes han sido responsables de nuestra vida y formación.

Para revertir ese fenómeno, el proyecto del Código de las Familias defiende el derecho de los abuelos al afecto, a ser escuchados y a vivir felices. Al tema se le dedica completamente el Título noveno del documento, donde no solo se reconoce su importante rol familiar, sino que se instituyen de forma clara sus derechos y deberes para garantizar el fortalecimiento de la armonía en el seno del hogar.

Por ejemplo, se establece el derecho de los abuelos a la vida familiar con dignidad, a elegir lugar de residencia y a vivir libre de violencia, de esta forma se les dan herramientas jurídicas para defender su autonomía e independencia.

Otro de los avances de la futura legislación en esta materia es que defiende su capacidad para decidir de qué forma desean ser atendidos por sus familiares una vez ya no puedan valerse por sí mismos, es decir, su derecho a la autorregulación de la protección futura. Así pueden determinar si desean permanecer en sus hogares o qué objetos domésticos y personales vender y cuáles quieren preservar.

Pero lo más importante es la visión educativa que nos proporciona el proyecto del Código de las Familias en torno a la necesidad de apreciar el importante rol de los abuelos en la vida familiar, seres a los que debemos agradecer y amar mucho más.

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