May, 2020.- Los castillos la Real Fuerza, San Salvador de La Punta y los Tres Reyes del Morro constituyen obras militares coloniales que imprimen extraordinaria belleza a la capital cubana, urbe clasificada como una de las siete ciudades maravillas del mundo. Ese sistema de murallas, junto a La Habana Vieja, fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El Castillo de la Gran Fuerza es la segunda edificación construida en La Habana, que reverenciado como distintivo exponente de la arquitectura militar colonial español en el Caribe fue erigido en el siglo XVI. Está ubicado en la Plaza de Armas, en el centro histórico de la capital cubana. En su torre se alza la Giraldilla, icono de la ciudad.

La primera edificación era de la tipología torre del homenaje o torreón y se encontraba a 360 varas al suroeste del Castillo de la Gran Fuerza. La obra primada constituía un cubo perfecto de diez metros de lado construido de ladrillos con refuerzos de piedras en las cuatro esquinas, que el pirata francés Jacques de Sores (Ángel Exterminador), demolió a cañonazos en julio de 1555.

Alrededor de 1565 se inició la construcción del Castillo de la Gran Fuerza, finalizado en 1885. Muchas de sus paredes tienen diez metros de espesor capaces de soportar el cañeo de la época. La obra con el decursar del tiempo resultó obsoleta como fortaleza militar, ya que la ciudad debía ser defendida desde la entrada de su bahía.

Es cuando en 1589, el ingeniero militar Bautista Antonelli ejecutó San Salvador de La Punta, que formó parte del primer sistema defensivo con que contó La Habana, junto con el Castillo de la Real Fuerza y el Castillo de los Tres Reyes del Morro.

 La obra estuvo a punto de ser paralizada en varias ocasiones a consecuencia de impedimentos económicos y contradicciones entre Antonelli y las autoridades de la Isla.

El doctor, arquitecto y profesor Orestes del Castillo, asesor del Historiador de La Habana, rememoró a Primicia El Diario de Todos que Antonelli afirmó que, quien se hiciera dueño de la Loma de la Cabaña sería patrono de La Habana. Aseveración que se convirtió en realidad con la toma de la capital cubana por los ingleses en 1762.

Cuando se adueñaron de la ciudad en lugar de entrar por la boca del puerto desembarcaron por el Este para evitar el fuego cruzado de las baterías de los cañones en la bahía.

Los invasores atacaron el Torreón de Cojímar y se desplazaron por tierra. Tras una batalla muy sangrienta de 45 días que costó la muerte de uno de los oficiales ingleses, el Capitán General y el alcalde de Guanabacoa pudieron tomar la Loma de la Cabaña.

Considera Orestes que durante los once meses del dominio de los ingleses en Matanzas y La Habana se introdujo el ferrocarril, se abrió el comercio del tabaco, entre otros avances, aunque cambiaron la próspera Habana, llave del Nuevo Mundo y lugar de privilegio de la ruta marítima por la Florida.

Por indicaciones del Rey Carlos II se construyó en el siglo XVII el Castillo de los Tres Reyes del Morro, obra asumida por los hermanos Jorge y Silvestre Abarca (ingenieros y arquitectos militares españoles), y levantada con las piedras extraídas de la zona, devenida la fortaleza más grande de habla hispana y tiene 700 metros de largo.

Costó tanto que cuando el Capitán General le llevó las cuentas a su majestad éste pidió un catalejo. Alguien le dijo: Majestad un catalejo para qué y el Rey respondió: Para ver la fortaleza que acaban de construir porque por lo que ha costado debe verse desde aquí.

En la actualidad en ese emplazamiento se realiza todas las noches una bella ceremonia conocida en el mundo como “el cañonazo de las nueve”, ni un minuto más ni un minuto menos, desde la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, que los ingleses lo instituyeron, primero a las ocho y más tarde a las nueve para indicar que las puertas de las murallas quedaban cerradas.