La Habana, 18 sep.- Los más diversos materiales se tornaban arte en sus manos, la cubana Jilma Madera se atrevió a soñar en grande y hoy su legado continúa ganándose los aplausos y admiración del mundo.

Con un sello distintivo y un talento innegable, Madera -nacida un 18 de septiembre de 1915- fue la primera mujer, a nivel internacional, en crear una obra de gran magnitud y su legendario Cristo de La Habana, la encumbró en la historia de las artes plásticas hasta nuestros días.

A 50 metros sobre el nivel del mar se alza esa obra monumental de mármol de Carrara que ofrece su bendición desde la entrada de la bahía de La Habana, desde el 25 de diciembre de 1958 y que constituye un símbolo de esta capital.

Entre las piezas que catapultaron a la fama a la creadora, destaca también el busto del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, emplazado en el Pico Turquino, elevación ubicada al oriente de la nación caribeña. Según detallan datos históricos, la concepción de esta obra en bronce saldó una deuda de la artista con Martí, de quien fuera ferviente estudiosa y para colocarla contó con el apoyo del doctor Manuel Sánchez Silveira, padre de la heroína de la isla Celia Sánchez Manduley.

Monumentos como El Pacto del Silencio, los relieves de Carlos J. Finlay, Miguel de Cervantes y William Shakespeare, dan cuenta de su fructífera trayectoria que trascendió las fronteras de Cuba para quedarse perpetuada en sitios de Puerto Rico, Estados Unidos, Armenia, entre otros países.

De Maestra en Economía Doméstica a profesora de dibujo y modelado, sus inquietudes artísticas se enrumbaron hacia la escultura, convirtiéndola en un referente en el universo de las artes plásticas.

Aunque su labor creadora quedó trunca en 1960 por padecer glaucoma, nunca dejó de contribuir a la cultura nacional participando en la campaña de alfabetización desarrollada en la isla desde 1961 y como promotora, hasta su muerte el 21 de febrero del 2000.

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