Abr, 2020.- Cuba lamenta el fallecimiento de 27 personas de las 862  diagnosticadas de positivas en toda la isla desde que comenzó la epidemia del nuevo coronavirus, no obstante los esfuerzos realizados por los profesionales de la Salud en Cuba.

En  la habitual conferencia de prensa para actualizar sobre la situación epidemiológica del país sobre el SARS-CoV-2, el Doctor Francisco Durán, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), explicó que la inmensa mayoría de los fallecidos por el virus presentaban otras patologías como Cardiopatía Isquémica, Hipertensión Arterial, Hipotiroidismo y Neuropatías e Insuficiencia Renal Crónica, entre otras.

Añadió que las muertes por la Covid-19 en la ínsula son estadísticamente muy inferiores en comparación con los fallecimientos por otras patología, en un país donde predominan los decesos por enfermedades crónicas no transmisibles e ilustró que por esas causas han perdido la vida 19 mil 52 personas, según cifras preliminares de los primeros dos meses de este año.

Durán precisó que de las diez principales causas de fallecimientos en Cuba, nueve corresponden a enfermedades crónicas no trasmisibles, entre las que están los padecimientos cardiacos, tumores malignos y enfermedades cerebrovasculares.

El director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública puntualizó  que para evitar la propagación de la pandemia, además de las medidas orientadas por la dirección del país,  se encuentran ingresadas en todo el territorio nacional más de dos mil 600 pacientes y que hasta la fecha se estudiaron alrededor de 22 mil muestras a lo largo y ancho del archipiélago.

A preguntas de medios de comunicaciones locales y extranjeros, el experto afirmó que a pesar del bloqueo económico, financiero y comercial, actualmente recrudecido por el gobierno de EE.UU.,  las unidades sanitarias de la isla cuentan con los medios de protección necesitados para el personal de Salud en dependencia de su función,  especialidad y nivel de riesgo.

El Ministerio de Salud Pública de Cuba informó que hasta el 15 de abril se reportan 182 países con casos de la COVID-19, con un millón 948 mil 511 confirmados  de positivos  (+75 mil 246) y 125 mil 966 fallecidos (+7 mil 112),  para una letalidad de 6,46% (+0,12).

En la región de las Américas se reportan 710 mil 601 casos confirmados (+34 mil 485), el 36,47% del total de reportados en el mundo, con 30 mil 308 fallecidos (+2 mil 894) y una letalidad de 4,27% (0,21).

Precisamente la mayor de las Antillas exhortó a intensificar la cooperación y la solidaridad internacional en el enfrentamiento a la pandemia, independientemente de las diferencias políticas de los gobiernos.

En una declaración hoy del Ministerio de Relaciones de Cuba se insiste que «el impacto de la COVID-19 puede medirse ya y podrá evaluarse en el futuro por la impresionante cantidad de personas infectadas, por las cifras inaceptables de muertes, por el daño indiscutible a la economía mundial, a la producción, el comercio, el empleo y los ingresos personales de millones de personas.  Es una crisis que rebasa con creces el ámbito sanitario.

La pandemia llega y se propaga en un escenario previamente caracterizado por la abrumadora desigualdad económica y social entre y dentro de las naciones, con flujos migratorios y de refugiados sin precedentes; en el que la xenofobia y la discriminación racial vuelven a aflorar; y en el que los impresionantes avances de la ciencia y la tecnología, particularmente en materia de salud, se concentran cada vez más en el negocio farmacéutico y la comercialización de la medicina, en vez de dirigirse a asegurar el bienestar y la vida saludable de las mayorías.

Llega a un mundo lastrado por patrones de producción y consumo que se sabe son insostenibles e incompatibles con la condición agotable de los recursos naturales de los que depende la vida en el planeta, particularmente en los países más industrializados y entre las élites de los países en desarrollo».

En la declaración del MINREX también se enfatiza, entre otros aspectos, que «la amenaza a la paz y la seguridad internacional es real y las agresiones constantes contra determinados países la agravan.

Es muy difícil esperar que el fin eventual de la pandemia conducirá a un mundo más justo, más seguro y más decente si la comunidad internacional, representada por los gobiernos de cada país, no se apresura desde ahora a conciliar y adoptar decisiones que hasta el momento han demostrado ser tercamente evasivas.

Quedará también la incertidumbre sobre cuán preparada estará la Humanidad para la próxima pandemia.

Aún es tiempo de actuar y de movilizar la voluntad de los que hoy tienen la responsabilidad de hacerlo.  Si se deja para las futuras generaciones, podrá ser demasiado tarde».