May, 2021.- Hace más de medio siglo, cada vez que era invitado a un convite cumpleañero, generalmente a todos los infantes, entre los gorros, caramelos, bastones y otros entretenimientos nos regalaban un reguilete con el que todos corríamos para ver girar sus coloreadas hélices.

Estos artículos están formados por una rueda con hélices pegadas a un palito, que los niños hacen girar contra el viento como juego. En aquella época de mi infancia era fácil encontrar el curioso reguilete en las ferias, iglesias, parques y lugares de gran afluencia. Muchos aseveraban entonces "Donde hay un Reguilete hay un niño y donde hay un niño siempre estará el reguilete”.

En ese tiempo –no muy lejano- entre los juegos de los pequeños en Nuevitas estaba la construcción y puesta en funcionamiento de los llamativos reguiletes. Para su elaboración bastaba una cartulina flexible, un diminuto palito, un alfiler y dos pequeñas arandelas o cuentas que permitieran girar las hélices con más facilidad.

Para su elaboración la prole se empeñaba en buscar viejas láminas de Rayos X, -blanqueadas hasta quedar transparentes azulosas- luego se formaba un cuadrado con ellas y se trazaba sus dos diagonales, por donde se cortaban sin llegar al centro, para ser fijadas al pequeño palo que lo sostendría.

Especial regocijo mostraban los pequeños cuando asentaban el reguilete en la punta de un palito, al que en su otro extremo se colocaba un triángulo plástico, que sostenido sobre un eje giratorio colocaban en lugares altos para que con el aire funcionara como veleta. Recuerde que la veleta es una pieza giratoria que colocada en lo alto de un edificio sirve para indicar la dirección del viento.

Especiales eran los reguiletes confeccionados con láminas plásticas de colores o coloreados después de hechos, pues al darles el viento se producía el efecto visual de la fusión de colores que dejaba entre los infantes curiosos una hermosa huella. Hubo incluso algún que otro diestro chiquillo que añadió al barrilete uno o más reguiletes, por lo que el ser empinados y tomar altura el aire los hacía girar con gran velocidad atrayendo la atención de los presentes.

Ahora cuando los atractivos reguiletes son menos vistos, y aparece algún niño con tan singular juguete, entonces los que peinamos canas recordamos esos días de infantes cargados de inocencia, mientras se deleitaban con tan sana diversión.