Abr, 2021.- “El kit dio positivo”, le dijeron ese día. Aquel 12 de febrero último, justo en el segundo rebrote de la COVID-19 en Nuevitas. Al instante, su primer pensamiento para sus seres queridos.

“El único miedo fue por mi niño que el día antes me abrazó y besó y por mi madre que le han dado cuatro infartos”, contó la nuevitera Niely Hernández Noa.

El SARS-CoV-2 tocó las puertas de su hogar sin esperarlo. “Llegó a nuestra vida y familia el día 8, luego de mi esposo ir al aeropuerto de Cayo Coco (provincia de Ciego de Ávila) a recoger a una persona procedente de Rusia”.

El PCR del viajero dio positivo, justo a los cuatro días de estar en el municipio, aún cuando se mantenía asintomático, por lo que el esposo de Niely se convirtió en contacto directo de ese paciente.

Los síntomas no se hicieron esperar para Niely y su esposo: fuertes dolores de cabeza, en los oídos, los riñones, las piernas, la cintura; ellos se dirigieron al consultorio del médico de la familia y le comunicaron a la doctora acerca de sus estados de salud.

A partir de ahí la galena hizo el reporte al Puesto de Mando del Centro Municipal de Higiene y Epidemiología y en la noche acudieron a la casa para hacerles los kits de antígeno a ella, su mamá y su esposo, los cuales dieron positivos, “alrededor de las 8:40 p.m. nos informaron, además, que nos trasladarían al hospital Amalia Simoni en la cabecera provincial”, especificó.

Asimismo, recuenta que llegaron en horas de la madrugada y les hicieron los PCR e ingresaron en la sala A, donde se encontraban otros pacientes en espera del resultado del análisis.

El día 13, en la tarde, les informaron que eran positivos al nuevo coronavirus, lo que conllevó los trasladaran a la zona roja en la sala H de la propia institución.

Los profesionales de la Salud se consagraron a administrarles el tratamiento necesario que estuvo complementado por el Interferón (cuatro vacunas alternas con otros medicamentos y vitaminas).

“Allí los síntomas se agudizaron porque las vacunas son muy fuertes. Mi mamá y yo tenemos varias patologías que no favorecieron en esta enfermedad como diabetes, cardiopatía, y en mi caso específico padezco de asma”.

Con un tono de voz que definía el momento vivido contó: “Me dieron varias crisis de asma y la diabetes se hizo sentir, mientras que mi mamá estuvo cuatro días en Terapia Intensiva debido a sus cuatro infartos anteriores, y tuvo retención de líquido por afectaciones en los riñones”.

Al séptimo día, luego del tratamiento recibido, les repitieron el PCR, recuerda Hernández Noa; en tanto se impone el reconocimiento a quienes permanecen con desvelo atentos a la evolución de sus pacientes en la zona roja.

“En el hospital recibimos muy buena atención tanto por el personal de servicios como de Salud, justo estaba Luis Enrique Bravo Escobar, médico de Nuevitas, con mucha dedicación y entrega hacia los pacientes, sin miedo a contagiarse porque cumplían las medidas higiénicas; la sala limpia con las condiciones creadas y la existencia de los medicamentos necesarios ante algún malestar”.

El 22 de febrero, el día de regreso a casa, pero solo con alta clínica (debían repetirse el PCR y que este fuera nuevamente negativo), lo que consideró “una experiencia muy linda porque ya no portábamos el virus ni había riesgos para la vida”.

Luego del traslado para este municipio en el hogar cumplieron 14 días de aislamiento hasta que recibieron el alta epidemiológica.

Con mucho dolor en su voz recuerda que quizás por el miedo a adquirir el SARS-CoV-2 algunos de sus vecinos mantuvieron actitudes que dañaron a Niely al percibir la indiferencia, el escaso trato.

Sin embargo, la trabajadora de la Dirección Municipal de Educación en esta ribera reconoció la preocupación constante que le mostraron sus colegas, así como la alegría que irradiaron el 8 de marzo cuando se incorporó al centro de labor.

“Esta enfermedad provoca diversas secuelas, en el caso de su madre persisten los dolores de cabeza, mareos y decaimiento, por su parte, dolores óseos, en manos y articulaciones, y mucho cansancio.

También tuvimos falta del olfato y el paladar, los cuales recuperé rápidamente, a los siete días, mi esposo y mi mamá aún se mantienen sin olfato”, refiere Hernández Noa.

Como educadora que ama su profesión se preocupa por el bienestar de todas las personas, fundamentalmente, de los menores de edad: “Les pido a los adultos que se cuiden, eviten el contacto con otros porque hay muchos portadores del virus asintomáticos, y lo más importante, que cuiden a los niños para que no experimenten las reacciones que provoca la enfermedad”.