Mar, 2021.- Desde tiempos remotos pescadores, marinos y portuarios cuentan leyendas, fábulas e historias espeluznantes vinculadas al entorno de la bahía de Nuevitas.

Entre las más conocidas está La Maldición del Hechicero Africano, mencionada por el escritor, poeta y artista de la plástica Samuel Feijóo (1914-1992), en el libro Mitología Cubana.

A principios del siglo XIX, en el hábitat del islote Ballenato Mayor, custodiado en la actualidad por una boya de señalización, transcurrió la leyenda.

La islita forma parte de los Tres Ballenatos, donde hace muchos, pero muchos años, existía un criadero natural de ostras, conocido por el Banco de las Perlas.

Y ahí, en esa preciosa islita llegó un barco «negrero». Quizás zarpó desde La puerta del no retorno, frente al Océano, isla en la que lanzaban al mar a los esclavos enfermos. Los «afortunados» (hombres jóvenes y fuertes), bajo el azote de látigos y las cadenas, «abordaron» el infecto barco «negrero» camino a la esclavitud.

El capitán del navío, por orden de un terrateniente de Puerto Príncipe, ordenó desembarcar a los cautivos que viajaron al sitio en aquella nave del espanto, unos sobre los otros, sin ni siquiera poder extender los pies.

A golpe de látigos, los esclavos, empapados en sangre y fatigados por la larga travesía, el hambre, la sed y las fuertes sacudidas fueron abandonando aquella armazón hedionda.

Habían estado varios días en Ballenato Mayor. Los mejores esclavos llevados al Ballenato del Medio, «para ser entrenados como buzos para el Banco de Perlas.

Entre los esclavos que se habían escogido se encontraba el hijo de un rey africano. Al ver tanta crueldad, un hechicero que también venía como esclavo, echó una maldición. Ésta era que el criadero de ostras desapareciera del bajo.

A tal maldición el negrero, que de cierta forma temía a la maldición de los africanos, amarró a éste con una gruesa cadena a un árbol al pie de la playa, y lo puso a pan y agua. Pero el hechicero se adentró en la mar con sus cadenas y cuando el negrero fue a llevarle el pan y el agua se encontró que había desaparecido, y la cadena se encontraba dentro de la mar.

Pero su asombro fue más grande cuando el dueño de los esclavos llegó gritando al cayo:

–¡Las ostras han desaparecido, ya no se encuentran en el bajo!

Y desde entonces el criadero de ostras se encuentra en el canal que existe entre el Ballenato Mayor y del Medio, por lo que aún en nuestros días no es factible su explotación».